El camino al olvido… Soria

La N122 es una carretera que comunica Aragón, Castilla y León y Portugal. Su recorrido sigue la linea del Duero, de ahí que la autovía paralela que hay construida en algunos tramos se denomine Autovía del Duero. Esta carretera comunica Soria con Zaragoza y Valladolid sin tener una vía alternativa por la que circular… ¡ay amigos/as, es Soria! y Soria no tiene autovías (esas carreteras que hacen que la circulación sea más segura, no solo más rápida), salvo un tramo que enlaza con Madrid (y es reciente).

Si, estamos en el siglo XXI, o eso dicen, pero en España hay provincias que no solo son desconocidas sino que están olvidadas. El olvido ha sido impuesto en la provincia soriana por las administraciones (autonómicas y estatales) al negarle infraestructuras básicas que permitan a esta región comunicarse con el resto de territorios españoles.

Hay quién justifica que en Soria no haya autovías porque tiene poca población… y ¡menos que va a tener si la siguen ahogando!. Si, somos pocos ¿y qué? ¿A caso no somos ciudadanos españoles como el resto? ¿A caso no pagamos impuestos para que a penas haya variado su situación desde los años 70? ¿No tenemos derecho a la seguridad? ¿No podemos exportar nuestro Patrimonio y riqueza porque nadie se atreve a circular por nuestras vías de acceso?

Son las doce de la noche y acabamos de llegar a casa tras haber sufrido un percance en la carretera N122. Por suerte, todo ha ido bien. Nada grave.

Unos 30 km más adelante simultáneamente había un accidente en el que se vieron involucrados seis coches por el salto a la carretera y atropello de un jabalí. Esta vez el asunto era más grave (y demasiado común..).

¡Vaya! una carretera nacional, con operación salida, circulación de camiones, que comunica tres capitales de provincia… ¿no se podía haber evitado? Creo que todos los sorianos/as tenemos derecho a volver a casa, la que nos obligaron a abandonar por la ausencia de un futuro robado, sin jugarnos la vida.

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Creo que tenemos derecho a dar a conocer una provincia maravillosa sin que amigos, familiares o turistas tengan pánico de circular por nuestras carreteras, o que muchos decidan ni intentarlo. Claro, no merece la pena jugarse la vida atravesando unas vías tercermundistas de una provincia olvidada.

Tengo que dar las gracias a todas las personas que se vieron involucradas en el percance por ser tan buenas, y a aquellos que nos ayudaron a volver a casa; el trayecto en taxi también demostró que la vida es maravillosa por las personas que te encuentras en ella.

No daré las gracias a la Junta de Castilla y León o al ministerio de Fomento, ni a ningún otro… no daré las gracias nunca a la administración de un país que no solo olvida un territorio, sino que, aún peor, olvida a las personas.

Quizá mucha gente no se sienta identificada con estos sentimientos (ya no se lleva el espíritu critico ni la empatía), aún así lucharé por los derechos básicos, que deben ser iguales para todos los españoles, no más para unos que para otros. Derechos como la convivencia que a los sorianos nos niegan por impedirnos un acceso seguro a través de las infraestructuras de comunicación. O derechos como la difusión de nuestra cultura, o ver reinvertidos en la provincia todos los esfuerzos fiscales para el general del Estado.

Soria está sumida en el olvido, y de ahí es muy difícil salir. Somos seres humanos y como tal tenemos los mismos derechos. Me gusta ir a mi casa, ver a mis amigos/as, disfrutar del Patrimonio y la naturaleza, pasear o disfrutar de lo mejor que te da la vida, las personas. Creo que tengo derecho a volver a casa sin jugarme la vida en una carretera que ya no es del siglo XXI ni de la España que otros conocen.

Y tú ¿Conoces Soria? no la dejes morir.

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Ermita de San Saturio, Soria. Fotografía Historicacultura.com

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Enlaces de interés:

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A ti, Ramona. Memoria.

“Todo lo que hacemos y por supuesto, todo lo que vive nuestro cuerpo, se sostiene, entiende y justifica sobre el fondo irrenunciable de lo que hemos sido. Ser es, esencialmente, ser memoria (Emilio Lledó)

Ramona nació en Ciria, un pequeño pueblo de la provincia de Soria, a finales del siglo XIX. Se casó y se trasladó a Jubera, una villa soriana situada en el Valle del Jalón. De este matrimonio tuvo a un hijo, Isidro, pero las circunstancias desembocaron en el fallecimiento de su marido, quedándose viuda con un niño pequeño. Sin embargo se pudo volver a casar en la villa y de este matrimonio tendría 4 hijos, 3 de ellos fallecieron siendo niños. Una vida muy dura ¿verdad?

Hasta los años 30 del siglo XX la vida de Ramona parecía transcurrir con normalidad, con su marido Valentín y sus dos hijos era la corriente en una familia de labradores, de tranquila cotidianidad en el espacio rural.

Llegado abril de 1931 la alegría por la proclamación de la II República se sentía en las calles de pueblos y ciudades que celebraban la apertura democrática y el progreso en España. También los hijos de Ramona, Isidro y Bernabé, eran partícipes de este cambio, afiliados ambos a la CNT.

Proclamación de la II República. Fotografía: http://www.farodevigo.es/

Libertad, Progreso, Educación, Cultura, Democracia… valores que se evaporaron el 18 de julio de 1936. El paso de la Guerra Civil por Castilla y León fue rápida, especialmente por el este y centro de la Comunidad  (ya que en León, por ejemplo, perduraría algo más en el tiempo). Las principales ciudades pronto cayeron ante el “bando nacional” y Soria no sería una excepción.

Casualmente, el hecho más destacado de la Guerra Civil en la provincia de Soria ocurrió en Arcos de Jalón, localidad muy cercana a Jubera en el que se vería implicada la familia de Ramona, directa o indirectamente. Isidro y probablemente Bernabé,  puede que intentasen ofrecer resistencia a los sublevados en esta zona. No entraré en muchos detalles en este momento sobre como fue la resistencia y los hechos que allí acontecieron, pues voy a escribir un artículo que espero poder editar.

Intento ponerme en la piel de Ramona, que tras haber perdido a tres hijos, a finales de 1936 pierde a los dos que le quedaban. Isidro y Bernabé intentaron huir pero fueron detenidos hacia 1938. “Juzgados” en tribunales sumarísimos como era costumbre, les condenaron a distintas penas de prisión.

Bernabé pasó por varias cárceles y campos de concentración hasta que murió de hambre y frío en marzo de 1940, con 27 años, en el penal de Valdenoceda (Burgos). Así conocí la historia de Ramona, a raíz de conocer la muerte de Bernabé.

Mi iniciación en la investigación en Memoria Histórica comenzó con mi labor de voluntariado para la Agrupación de Familias de Valdenoceda, que después de haber llevado a cabo la exhumación, trata de encontrar a las familias de los que allí murieron para identificar sus restos y darles un final digno, en un acto, sin duda, de valentía y defensa de los derechos humanos.

Indagué y descubrí una historia que me dejó conmocionada, y es que una vez que empiezas a investigar ya no puedes abandonarlo. Espero poder publicar un artículo en el que contaré toda lo acontecido a esta familia y su entorno, por supuesto desde el rigor histórico.

Encontré a la “familia” de Bernabé, descendientes no directos, con la ayuda de buenísimas personas de su pueblo. Sin embargo, no podrá volver a su pueblo natal junto a sus padres y sus hermanos, enterrados ya en una fosa común.

Ramona murió en 1939, dicen que de enfermedad, pero yo creo que murió de pena. Antes de conocer el fallecimiento de su hijo menor y el paradero del mayor, murió de pena.

Hay quien no quiere reconocer la Memoria, hay quien la politiza… ¡pura ignorancia y poca moral! Quizá no pueda devolverle el hijo a una madre, pero puedo devolverle la Memoria. A ti, Ramona, a tu familia, a todos los que lucharon por la libertad. La Historia y la Memoria harán que no quedéis en el olvido. Por la dignidad.

A ti, Ramona. Memoria.

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El Valle del Silencio

Hacía ya mucho tiempo que quería visitar el Valle del Silencio, había visto fotografías y oído hablar del lugar. Como me encanta la provincia de León sabía que en la primera oportunidad que tuviera, visitaría este Valle. Casi siempre me asombro al ver paisajes y elementos culturales relacionados con la Historia, el Arte y la Etnología, pero cuando llegué al Valle del Silencio las sensaciones se multiplicaron y la emoción se apoderó de mi persona… tanta belleza…

Para ponernos en situación, el Valle del Silencio se sitúa en la comarca de El Bierzo, provincia de León, en el interior de los montes Aquilanos y forma parte de la cuenca del río Oza. Para acceder al valle primero pasamos por Ponferrada, donde ya nos indicaba la dirección. Es curioso, porque está a pocos km de la ciudad, sin embargo cuando nos vamos adentrando en la naturaleza parece que estamos a millas de distancia. La carretera es estrecha y sinuosa.

El paisaje es impresionante desde la primera curva, y según se va subiendo y adentrando en el “bosque” podemos ver como se cierra la montaña poco a poco, como la frondosa vegetación hace que no percibamos donde empiezan o acaban los montes.

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Valle del Silencio. Fotografía: Historicacultura.com

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Valle del Silencio. Fotografía: Historicacultura.com

Como a penas estuve un día por la zona no pude visitar todos los pueblos que están en el Valle, muchos de ellos abandonados, pero si los más representativos: Montes de Valdueza y Peñalba de Santiago.

MONTES DE VALDUEZA:

Situado en la parte superior del valle, lo primero que vemos cuando llegamos al pueblo es el Monasterio de San Pedro de Montes. Expresa muy bien lo que yo sentí al llegar el escritor Enrique Gil y Carrasco: “… la sensación que produjo en nosotros el monasterio con su aldea (…) es de aquellas que tarda mucho en borrar la mano del tiempo”.

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Vista del monasterio de San Pedro de Montes desde el pueblo. Fotografía: Historicacultura.com

El monasterio está en ruinas en su mayor parte, lo cual produce una tristeza que se contrapone a esa extraña sensación de belleza de las ruinas. Fue fundado por San Fructuoso a mediados del siglo VII. Tras su abandono en el siglo IX, un monje llamado San Genadio junto a doce compañeros reconstruyeron el monasterio, que estaría en activo hasta la Desamortización en el siglo XVIII.  Tras el abandono, las estancias de tan bonito conjunto patrimonial se convirtieron en cuadras para los animales, almacén etc. a lo que hay que sumar un incendio, terminaron por hacer de este monasterio unas ruinas.

Es muy curioso porque es un conjunto arquitectónico muy “ecléctico”, conserva elementos prerrománicos, románicos del siglo XIII como el claustro, del siglo XVII en la iglesia… es un popurrí de fases y periodos artísticos que hacen que la Historia se sienta en cada uno de nuestros pasos.

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Claustro del siglo XIII. San Pedro de Montes. Montes de Valdueza. Fotografía: Historicacultura.com

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Iglesia del monasterio de San Pedro de Montes. Fotografía: Historicacultura.com

Desde luego lo que más llama la atención son los materiales de construcción, al igual que en la arquitectura vernácula, utilizaron la pizarra para construir paredes, arcos y tejados.

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Arco hecho con pizarra. Monasterio de San Pedro de Montes. Fotografía: Historicacultura.com

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Ruinas del monasterio de San Pedro de Montes. Fotografía: Historicacultura.com

La conservación del monasterio deja mucho que desear, y es necesaria una intervención urgente.

El pueblo de Montes es pequeño y muy acogedor, en él a penas hay vecinos. Situado en la ladera de la montaña parece oculto entre la frondosidad. De calles estrechas conserva el entramado urbano y la arquitectura tradicional, de la que hablaré más adelante.

También pertenece a este núcleo rural la ermita de Santa Cruz, que fue expoliada, como gran parte del patrimonio de estas zonas, ya que lamentablemente no se ha empezado a valorar hasta hace a penas unos años.

Sin duda, un lugar precioso.

PEÑALBA DE SANTIAGO:

Dejamos atrás Montes y seguimos el río Oza mientras subimos los Aquilanos hasta llegar a Peñalba de Santiago, en el otro lado del valle. La llegada a este pueblo es colosal para los amantes del patrimonio rural, o para cualquier persona que aprecie la belleza de un entorno ¡Es precioso! Se dice que es uno de los pueblos más bonitos de España…y ¡no hay duda!

De nuevo pude experimentar muchas sensaciones, por lo bello del lugar y del paisaje que lo rodea, por la tranquilidad y porque parece que podía retrotraerme a otro tiempo… ¡estaba rodeada de Historia!

Lo más llamativo del lugar es su arquitectura tradicional: construcciones hechas con pizarra (sin pulir en las paredes.) y madera. Uno de los elementos más característicos es “la solana” o “corredor”. Todo el pueblo está muy bien conservado, casas y calles, y se ve más movimiento pues hay dos restaurantes y alguna casa rural.

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Peñalba de Santiago. Fotografía: Historicacultura.com

Sin duda, es una pena que estos pueblos vayan perdiendo población por el peligro de abandono, como otros de su alrededor. Desde hace algún tiempo se intenta revitalizar el territorio, no solo del Valle del Silencio, sino también de la comarca del Bierzo, a través del reclamo de su cultura, patrimonio, historia y naturaleza. 

A nivel histórico-artístico destaca la iglesia de Santiago. Está considerada una de las mejores edificaciones conservadas del arte mozárabe.  Su fundador fue San Genadio a principios del siglo X. Como en la mayor parte de este valle, la existencia de monasterios favoreció el asentamiento de pobladores. 

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Interior de la iglesia de Santiago. Fotografía: Historicacultura.com

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Iglesia de Santiago. Peñalba de Santiago. Declarada Monumento Nacional en 1931. Fotografía: Historicacultura.com

También es muy importante visitar la cueva de San Genadio, donde fue a retirarse este monje tras ser obispo de Astorga. El camino se puede hacer muy bien, son unos 3 km que rodean las laderas de las montañas ¡el paisaje es espectacular! No se escucha nada… solo el Silencio, el arroyo que pasa por allí. Solo la naturaleza y uno mismo.

Lo que no podemos callar (sin desayre del Silencio) son las cuebas de su nombre, fabricadas por el brazo Omnipotente, junto al nacimiento del expresado rio, al margen occidental, donde se levantan unas peñas altísimas y escarpadas, que en sí mismas franquean las mencionadas cuebas del Silencio” (Padre Florez, 1762).

Desde la cueva se puede ver el pueblo de Peñalba oculto en la frondosidad.

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Arroyo del Silencio. Valle del Silencio. Fotografía: Historicacultura.com

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Peñalba de Santigo desde la Cueva de San Genadio. Fotografía: Historicacultura.com

Todavía estoy asimilando tanta belleza… ojalá pudiera expresar mejor con palabras o con fotografía lo que ví y lo que sentí… pero creo que la única manera posible es experimentarlo por uno mismo. El Valle del Silencio es uno de los lugares que más me ha impresionado y aconsejo a todo el mundo visitarlo y disfrutar del precioso entorno que lo rodea.

Apoyo bibliográfico: “Por las montañas de Valdueza” PUENTE, Ricardo.

Enlaces de interés:  http://destinocastillayleon.es/index/el-valle-del-silencio-en-leon/

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Estar en Babia

Se dice que en la Edad Media los reyes de León pasaban largas estancias por estas tierras, disfrutando de la caza o la pesca y de la placentera sensación de estar alejados de la cotidianidad de la Corte. Para ellos era un lugar para el descanso y la evasión, por eso, hay quién dice que de ahí viene el dicho “Estar en Babia“.

Todos entendemos que estar en Babia” es pensar en un lugar idílico para evadirnos de una realidad que no nos gusta, aparentar ausencia ante una situación incómoda o simplemente transportarnos a otro sitio con la imaginación. Si conoces Babia, todo esto es más fácil.

Cuando hablo de “mi pueblo” me refiero a Truebano, un pequeño núcleo rural situado en la Comarca de Babia, en la provincia de León.  La componen unos 14 pueblos pertenecientes a dos ayuntamientos, Cabrillanes y San Emiliano. Enmarcada en la parte occidental de la Cordillera Cantábrica, desde 2004 está declarada Reserva de la Biosfera, por lo que ya imaginareis las maravillas de la naturaleza que tiene este precioso entorno. Para más detalles, podéis consultar la página web de la Asociación Estas en Babia, que hace una gran labor y ofrece información variada.

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Truebano de Babia. León. Fotografía: Historicacultura.com

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Truebano de Babia. León. Fotografía: Historicacultura.com

“Estar en Babia” es estar en un espacio Natural privilegiado, para entenderlo mejor os animo a visitar la Casa del Parque de Babia y Luna, en Riolago, situada en el palacio de Quiñones. Aula de interpretación de la naturaleza y la etnografía de la zona. Allí aprendí cosas tan curiosas como de donde viene la nana “cinco lobitos tiene la loba, cinco lobitos detrás de la escoba…”, la “escoba” es la planta también llamada “piorno” detrás de la cual se escondían los lobos. Esto quizá ya lo sabíais, pero a mi me resultó muy curioso 🙂

Este no es un post común en el que hablo de turismo cultural, pues me gustaría mostraros mi percepción personal de Babia, una comarca que también me ha visto crecer.

Desde que era muy pequeña iba con mis padres y mi hermana “al pueblo”, aprovechábamos la época estival, los puentes o las vacaciones del curso escolar. Tanto en invierno como en verano (es una zona preciosa en cualquier epoca del año 🙂 ) nada más subirme al coche estaba deseando llegar a la provincia de León para poder ver las altas montañas rocosas características del paisaje, la ilusión me duraba todo el trayecto (y el camino desde Soria es largo…largo…). En cuanto veía a lo lejos las montañas ya sabía que nos aproximábamos al embalse de los Barrios de Luna, entonces, aunque todavía era muy niña, desde que supe que debajo del pantano había pueblos sumergidos no dejaba de pensar cómo serían, o qué pasaría con sus gentes…”Distintas formas de mirar el agua”… 😉

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Embalse de Los Barrios de Luna. León. Fotografía: Historicacultura.com

Cuando llegábamos al pueblo saludábamos a los vecinos, y como casi siempre, compartíamos los días con la familia, todo eran besos, abrazos (mi abuela siempre nos da fuertes besos y abrazos, por si queremos escaparnos supongo 😉 )  y alegría. Ya estábamos en Babia.

En seguida, con mis primas planeábamos nuestras salidas para jugar con los demás niños y niñas. De hecho, es muy curioso porque “la casa del pueblo”, la de mis abuelos, es una vivienda centenaria, sigue el tipo de construcción tradicional (paredes de piedra, tejado de pizarra, divida en dos instancias: la inferior para el ganado y la bodega; la superior destinada a las habitaciones y espacios comunes de la casa) y no tiene timbre, de manera que si algún vecino nos llamaba tenía que hacerlo a voces.

Entonces el pueblo tenía mucha vida. Recuerdo cuando mi abuela traía la leche de las vacas del pueblo, entonces la leche era de verdad y se compraba a una vecina (es una zona ganadera principalmente). Todavía puedo saborear las tostadas de nata, o el olor de la leche al calentarse. Hoy, aunque todo ha cambiado mucho, el progreso dicen, todavía puedo sentir ese olor cuando me levanto por las mañanas. También recuerdo que había conejos, y que los gallos nos despertaban al amanecer, ese si que era un buen despertador. Todo allí era alegría, estaba con mi familia en un lugar de ensueño, el paraíso natural lo llamo yo.

La infancia es maravillosa: jugar, reír, a veces llorar (uno se puede hacer rasguños de vez en cuando 😉 ) y compartir. En Babía es uno de los lugares donde aprendí a compartir, y supe lo gratificante que es. En una casa en la que convivíamos toda la familia (por suerte somos una familia muy amplia y a todos nos gusta ir al pueblo 😉 ) había que compartir cada día la cama (qué divertido cuando dormíamos todas las primas juntas), la mesa, la ropa… el tiempo.

Cuando recuerdo mi infancia no puedo evitar sonreír. No había fronteras para la imaginación, incluso hacíamos jarrones con los “enamorados”, jugábamos a  las “comiditas” con las plantas, inventábamos juegos, o simplemente subíamos al monte más cercano. En la ciudad el juego también era muy divertido, pero el pueblo era diferente. Y ¡qué alegría ver a los amigos!, aunque notásemos más el paso del tiempo ya que nos veíamos poco, a la hora de jugar, nada había cambiado.

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Truebano de Babia. León. Fotografía: Historicacultura.com

Ahora, “de mayor”, me sigue encantado visitar Babia y lo hago siempre que puedo para estar con mi abuela, charlar con los lugareños, encontrarme con la naturaleza, la Historia… compartir del tiempo…

Con una mirada adulta, puedo apreciar la particularidad del entorno. La riqueza natural de la comarca es evidente, pero aunque más desconocida, este rincón de la provincia de León guarda una Historia y una Etnología únicas.

Me gustaría ver de nuevo estos pueblos llenos de vida, poner en valor toda la riqueza que esconden, fomentar el desarrollo sostenible que tan ligado va a los Espacios Naturales. En conclusión, mostrar la Cultura que hay en Babia junto a las actividades primarias características del lugar. Ojalá algún día pueda mostrar todo lo que veo, todo lo que siento en lo referente al Patrimonio rural.

Para que estar en Babia, sea por siempre “estar en Babia” y que el supuesto progreso no lo impida porque, a veces, la evolución es retroceso. Se deben mantener las especificidades de los entornos, valorarlos y protegerlos.

Espero que todos los pueblos sigan teniendo vida.

Si queréis Estar en Babia… ¡ya sabéis donde está! Naturaleza, Historia, Cultura, Gastronomía… bienvenidos al paraíso.

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Vista desde Villasecino. Babia, León. Fotografía: Historicacultura.com

Para más información podéis consultar el antiguo post “Recuerdos del Reino Astur-Leonés”   🙂

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Entre castillos y viñedos: Valladolid.

Castilla y León es tierra de poetas y en ellos quedó impresa la imagen de una región marcada por la Historia.  Allí han nacido o se ha acogido a grandes literatos como Antonio Machado, Becquer y Gerardo Diego en Soria, o José Zorrilla, Miguel de Cervantes y Jorge Guillén en Valladolid… provincia de la cual quiero hablar en este post, ¡Espero que os guste!

Siempre digo que no valoramos la riqueza que tenemos a nuestro alrededor, y los castellanoleoneses somos los más críticos con lo nuestro, ya sea por desconocimiento o por minusvaloración. Es una pena que los lugareños no conozcan su propio Patrimonio, por eso me gustaría mostrar en este blog todo el encanto desconocido que tenemos a un paso de distancia.

En este caso me voy a centrar en la provincia de Valladolid, mostrando los últimos núcleos rurales que he visitado, espacios con un encanto particular caracterizados por la llanura que desaparece en el horizonte, con campos de trigo, viñedos, monasterios y castillos que la rodean.

TRIGUEROS DEL VALLE:

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Vista de Trigueros del Valle, desde el mirador de la ermita. Fotografía: Historicacultura.com

Situado a penas a 25 km de Valladolid capital, entramos en el pueblo rodeados de viñedos de la Denominación de Origen Cigales. En seguida divisamos un majestuoso palacio-castillo almenado del siglo XV, llamado por los habitantes de Trigueros “La Fortaleza”. Perteneció a los señores del castillo Don Gutierre de Robles y María de Guevara (1453). Posteriormente en 1521 con las Comunidades el pueblo asaltó el castillo, que tuvo que ser reformado.

Se conserva el recinto cuadrangular exterior con torreones cilíndricos y seis torres en el interior, la de Homenaje la más alta que servía de entrada al castillo y está presidida por el escudo de los señores. Según viene indicado en la señalética también se conserva el patio de armas, algo que deducimos cuando nos asomamos a la verja de la torre que mantiene cerrado el castillo.

Sin duda, es un privilegio tener en Valladolid castillos pertenecientes a la Edad Moderna que se han mantenido en pie y conservado tal y como eran (en la mayoría de los casos), sin embargo la gestión “deja mucho que desear” (por decirlo de forma sutil). El castillo está cerrado la mayor parte del tiempo (en un cartel se indica un horario super reducido de apertura) y parece ser que la única manera de ver el interior es pidiendo las llaves en el pueblo.

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Torreón del castillo de Trigueros del Valle. Fotografía: Historicacultura.com

Lo peor es la mala conservación en que se encuentra: los torreones están llenos de matojos, algunos tienen pintadas y la suciedad rodea “La Fortaleza”. Es una pena, solo le haría falta una leve restauración o consolidación, pero sin conservación  ni gestión no hay nada que hacer… solo resignarse hasta que alguna institución valore lo suficiente este privilegiado testimonio del tiempo.

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Mal estado de conservación del castillo de Trigueros del Valle. Fotografía: Historicacultura.com

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Castillo de Trigueros del Valle. Siglo XV. Fotografía: Historicacultura.com

SANTA MARÍA DE PALAZUELO EN CORCOS DEL VALLE:

Había visto varias fotografías del Monasterio de Santa María de Palazuelo y no podía esperar más. Situado muy cerquita de Valladolid (17 km), pertenece al termino municipal de Corcos del Valle. Solo subsiste el templo del monasterio cisterciense (siglos XII-XVI), que desapareció casi por completo tras la desamortización del siglo XIX.

Pese a la importancia histórica de este enclave patrimonial,  llegó a ser cabeza de la orden del Císter en Castilla, los restos están en muy mal estado de conservación, a penas está señalada su situación y el entorno indica un estado de abandono que provoca tristeza e indignación. Sin embargo, hay que valorar las actuales labores de puesta en valor que está realizando la Asociación de Amigos de Palazuelos… sin ellos ¿qué sería de este precioso lugar?. 

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Monasterio de Santa María de Palazuelo (s. XII- XVI). Fotografía: Historicacultura.com

VILLAVICENCIO DE LOS CABALLEROS:

Desde que tuve el privilegio de cursar en la Licenciatura (estudiar se ha convertido en un privilegio) la asignatura “Historia Rural de la Edad Media” impartida por el gran profesor Pascual Martínez Sopena, quise visitar Villavicencio de los Caballeros. Todos sabemos la importancia que tuvo Castilla y León en la Edad Media, pero en esta clase descubrí el destacado papel de los Montes Torozos.

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Arquitectura de adobe. Villavicencio de los Caballeros. Fotografía: Historicacultura.com

La emoción por conocer este pueblo desapareció cuando llegué a un núcleo rural prácticamente deshabitado, aislado, en el que las construcciones en adobe características del lugar dan la sensación de haber quedado en el olvido. En cualquier otra comunidad este pueblo estaría marcado como punto de interés por su importancia patrimonial (vernácula por la arquitectura tradicional de adobe, y artística), pero en Castilla y León lo desconocemos y por eso perdemos lo único que tenemos… nuestra Historia ¡una verdadera pena!.

A nivel histórico-artístico destaco la Torre del San Pelayo, a la cual se accede esquivando cardos. Se trata de la torre- campanario de sobria decoración mudejar (siglos XIV-XV) que se levantó sobre un palacio-fortaleza de los siglos XI y XII.

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Torre de San Pelayo. Villavicencio de los Caballeros. Fotografía: Historicacultura.com

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Torre de San Pelayo. Siglo XIV. Villavicencio de los Caballeros. Fotografía: Historicacultura.com

MONTEALEGRE DE CAMPOS:

El castillo de Montealegre de Campos es una de las fortificaciones más impresionantes que he visto. En el límite de Tierrra de Campos, data del siglo XIV y se construyó para la defensa de las propiedades territoriales de la familia Meneses. Se dice que sus muros nunca fueron conquistados.

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Vistas desde el castillo de Montealegre de Campos. Fotografía: Historicacultura.com

Está completamente restaurado, y aunque el horario de apertura es escaso, la gestión es más eficiente. Las vistas desde allí son impresionantes, se puede divisar la inmensidad, el horizonte, incluso la historia que guarda aquel entorno. Sin duda, uno puede retrotraerse con tan solo mirar a su alrededor y pasar el tiempo sentado junto al castillo disfrutando del Patrimonio y el paisaje.

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Castillo de Montealegre de Campos, siglo XIV. Fotografía: Historicacultura.com

WAMBA:

Aunque Wamba no tiene castillo ni fortaleza, es un pueblo preciosos situado muy cerca de Valladolid (20 km). Recomiendo llegar a él y hacer el recorrido por estos pueblos a través de las carreteras comarcales, ya que el paisaje es precioso. Se trata de un lugar acogedor, en él se ve más movimiento, familias, reuniones de vecinos etc… quizá sea por la cercanía a la capital. Parece claro que los pueblos que están más alejados de Valladolid están más abocados al abandono.

Por lo que se refiere a su patrimonio destaca la iglesia de Santa María. Es uno de los templos más antiguos de la provincia, de origen visigótico-mozárabe de los siglos VII-X. Destacan los arcos de herradura y las pinturas murales que aún se conservan. Se trata de un antiguo monasterio visigodo en el que estuvo enterrado el rey Recesvinto hasta que Alfonso X ordenó su traslado. En el claustro destaca el Osario, donde se apilan centenares de huesos y calaveras humanas.

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Iglesia de Santa María de Wamba. Siglos VII-XII Fotografía: Historicacultura.com

La provincia de Valladolid guarda muchos tesoros artísticos, históricos y patrimoniales que a penas se conocen. Parte de la responsabilidad del mal estado de conservación de sus monumentos y enclaves la tienen las instituciones, que los tienen arrinconados en el olvido. Pero los más responsables son los propios ciudadanos, los habitantes de la provincia de Valladolid que tienen el deber y la obligación de proteger y dar a conocer su provincia; claro que para eso primero hay que valorarla. Está en manos de todos mantener el Patrimonio Histórico Artístico. En este sentido debo mencionar la gran labor que lleva a cabo la Asociación Ciudadanos en Defensa del Patrimonio de Valladolid, de la que formo parte.

Para finalizar, os aconsejo que visitéis la comunidad de Castilla y León, cada rincón es impresionante. Sin olvidar la provincia de Valladolid, que sin ser la más conocida, tiene muchos tesoros por descubrir.

Queda curvo el firmamento,

Compacto azul, sobre el día,

Es el redondeamiento.

Del esplendor: mediodía.

Todo es cúpula. Reposa,

Central sin querer, la rosa,

A un sol en cenit sujeta.

Y tanto se da el presente

Que el pie caminante siente

La integridad del planeta.

 (“Perfección”, Jorge Guillén)

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Navegando entre Literatura IV… el placer de viajar con la lectura.

Como en otras ocasiones me gustaría compartir con todos vosotros/as mis lecturas recientes. Esta vez se trata de distintos géneros literarios: novela histórica, literatura de viajes y una colección de relatos. No cabe duda de que me encantan los Libros, leer, transportarme a otras épocas y lugares, soñar, pensar, evadirme… todos esos sentimientos que produce la lectura, además del enriquecimiento cultural. ¡Espero que os guste!.

CUADERNO DEL DUERO, DE JULIO LLAMAZARES:

Este libro es muy especial para mi, no solo por ser de mi escritor favorito, como ya sabéis, sino porque fue un regalo muy especial. Una mañana tomando un café con el que ha sido mi mejor compañero de trabajo, Pablo, surgió en la conversación el tema de la Literatura, nuestros gustos… él me recomendó autores que aún no conozco como Gabriel García Marquez o Mario Vargas Llosa (debo decir que me gusta mucho hablar de este arte y que me aconsejen libros 🙂 ),y yo le confesé que me encantaba Julio Llamazares, a lo que él respondió que había leído algunos de sus libros como Cuaderno del Duero. Me sorprendió mucho porque éste ya no se edita y es difícil encontrarlo.

Continuamos la conversación literaria mientras me contaba que el propio autor había ido expresamente a Soria, a la librería “Las Heras”, a dejar varios ejemplares para la venta. Terminados los cafés decidimos visitar esta librería para ojear las ultimas novedades, como “Diferentes formas de mirar el agua” y  ver si había suerte y podía encontrar la obra descatalogada… y ¡eureka!… ¡todavía quedaban ejemplares! =)

Pablo me regaló este libro de viajes que cuenta desde un punto de vista muy cercano, como el autor y su acompañante recorren el trayecto del río Duero. Desde su nacimiento en los Picos de Urbión, el recorrido comienza en Duruelo. Viajan sobre todo por  la provincia de Soria siguiendo el río que es la seña de identidad de Castilla y León. A través de un  relato en primera persona podemos ver como era este entorno a mediados de los años 80.

Continúan el viaje siguiendo el recorrido del río en la provincia de Burgos y Valladolid, donde finaliza el trayecto, ya que el encargo de escribir un libro sobre las provincias que atraviesa el Duero quedó inacabado. Son curiosos los comentarios sinceros del autor sobre las gentes del lugar, el estado del Patrimonio y la crítica que realiza sobre la situación de despoblación y decadencia que sufre esta región, especialmente la provincia de Soria.

Es un libro de viajes que nos hace reflexionar ante una situación inamovible con el paso de los años y nos recuerda la atemporalidad de Castilla y León… que no varía pese al “progreso” de regiones vecinas.

Gracias Pablo por regalarme un libro que representa el río con el que me siento identificada y del autor que mejor muestra mis pensamientos (¡y queda pendiente otro café!). Por todos estos motivos también quise que lo tuvieran mis amigas, mis padres y mi hermana, para que puedan retrotraerse a un pasado que no es tan pasado.

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EL ÁNGEL ESMERALDA, DE DON DELILLO:

Don DeLillo…¡qué autor tan curioso! Nunca había leído nada igual, me sorprendió mucho y gratamente. Este libro me lo regaló Elena, mi tía política, a la que le agradezco mucho que me haga regalos que me gustan tanto 🙂

En este caso se trata de una colección de  9 relatos, cada uno con una temática completamente diferente. Pero no son “cuentos” o “historias” a las que estamos acostumbrados con un principio y un final…no, Don DeLillo nos introduce en atmósferas y situaciones poco comunes en las que nos vamos orientando a medida que vamos leyendo e indagando en los personajes y los entornos. Incluso muchas no tienen un final ni una moraleja, lo que provoca que aunque hayamos terminado el relato sigamos pensando ¿qué querrá decir? ¿cómo sería el final de esta historia?. Sin embargo, en algunas ocasiones si vemos alguna referencia a la moral actual o a ciertos comportamientos, sino a modo de critica, si a modo de reflexión.

Historias tan originales y poco habituales como la de dos astronautas que recogen información sobre satélites sospechosos en “Momentos Humanos de la Tercera Guerra Mudial“, que desde el espacio proyectan sus pareces mostrando aspectos primarios del ser humano como los remordimientos o la nostalgia hacia los pequeños detalles.

En El Ángel Esmeralda nos introduce en el Bronx de manos de unas monjas que se involucran en la zona, en una poca inconcreta, seguramente en el futuro cercano. Aquí podemos entrever una crítica a ciertos valores o la ausencia de ellos, costumbres o comportamientos rutinarios de algunas sociedades, con una moraleja relacionada con el significado de la imagen, la ilusión, el marketing y sus intereses.

Os animo a leer a Don DeLillo, un autor poco habitual, interesante, con el que poder sentir la literatura desde otro punto de vista.

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AFRICANUS, EL HIJO DEL CÓNSUL DE SANTIAGO POSTEGUILLO:

Este libro forma parte de una trilogía del autor Santiago Posteguillo, escritor que realiza magníficas novelas históricas. Está ambientada en la época de la República de Roma (siglo III a.C), en el contexto de las Guerras Púnicas, en esta primera parte en concreto en la Segunda.

Se trata de una obra muy completa en la que el autor nos muestras mediante una narración amena como es la Roma del siglo III a.C, cuales son sus características políticas, geográficas, militares y culturales, de modo que es una estupenda forma de adquirir conocimientos sobre la historia de Roma a través de la ficción.

El hilo conductor comienza con el nacimiento del hijo del Consul Publio Cornelio Escipion, también llamado Publio Cornelio Escipion (posteriormente apodado El Africano) y la historia de su familia en su contexto geopolítico. Pero además, nos introduce en la vida cotidiana de la ciudad de Roma y en el marco cultural, narrando por ejemplo la trayectoria del autor clásico Plauto.

De este modo, en el inicio la novela se proyecta en varios espacios: en Roma, con las historias de la ciudad (sus festividades, tradiciones, modo de vida…), con la familia de los Escipiones, Plauto, el trasfondo político etc. Y en Hispania donde comienza a desarrollarse la Segunda Guerra Púnica, por ser donde el general cartaginés Anibal Barca inicia sus planes de llegar a Roma atravesando los Alpes.  Poco a poco esos dos espacios se fusionan cuando Anibal llega a la Península Itálica y la familia de los Escipiones intenta frenar en Hispania la ayuda de Asdrubal Barca a su hermano.

Sin duda, es una manera estupenda de viajar a la época de la República romana, aprender como era su cultura y su historia sin anacronismos y cuidando todo detalle, como siempre hace Santiago Posteguillo 🙂 (incluso tiene un glosario de términos, mapas y la situación estratégica en las batallas O_o ).

Empecé a leer esta novela por recomendación de un compañero de trabajo y como no podía ser de otro modo… estoy leyendo la continuación para finalizar la lectura de la trilogía =). Sus novelas enganchan ¡os las recomiendo!

Sabes vencer, Anibal, pero no sabes aprovecharte de la victoria (frase de Maharbal a su general. Livio, 22, 51, 4. “Africanus el hijo del Consul“).

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André Kertész, fotografía de las emociones.

Una buena foto transmite algo, no sólo a los ojos, sino también mucho más adentro. Los ojos solos no bastan; siempre se hallan entre la imagen y el alama. Yo no planifico salidas para tomar fotos. Siempre llevo mi cámara conmigo y cuando veo cosas que atrapan mi mirada, me paro a fotografiarlas. Pero a menudo no saco ni siquiera una sola foto” (André Kertész)

He tenido la suerte de poder realizar visitas guiadas en la Sala de exposiciones de San Benito en Valladolid, un centro expositivo que se ha especializado en fotografía. Cuando comencé a prepararme las visitas para la exposición “Adré Kertész, el doble de una vida” la biografía y sobre todo, la obra de este artista me dejó cautivada.

Se trata de un maestro de la Historia de Fotografía a penas conocido, adelantado a su tiempo, no dejó de innovar a lo largo de toda su trayectoria profesional, es decir, a lo largo de toda su vida, porque la fotografía era su modo de vida. Maestro de maestros su proyección artística fue una vocación que daba sentido a la realidad. Defensor de un estilo propio que se basaba en el “hago lo que siento“, sus fotografías fueron un fiel reflejo de sus emociones.

No entenderíamos la obra de Kertész sin conocer su biografía y por eso voy a realizar un recorrido biográfico que se va a dividir en etapas, dependiendo del país en el que vivía.

PERIODO HÚNGARO:

André Kertész nació en Budapest, Hungría en 1894. Cuando tan solo era una niño su padre murió de tuberculisis, a raíz de esta desgracia se trasladó a la casa campestre junto a sus hermanos y su madre. Desde que era muy pequeño sentía curiosidad por la fotografía y por el mundo del Arte, pese a que su familia no estuviera muy conforme con esta vocación; de hecho su tío le pagó la carrera de Comercio, incluso trabajó un tiempo para la Bolsa.

En 1912 su madre le regaló su primera cámara fotográfica y con ella comenzó a fotografía su entorno, la Hungría más rural, sus gentes, a su familia y a la que sería su mujer, Elisabeth, a quién conoció en el tiempo en el que trabajó para la Bolsa. Pero en 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial es llamado a participar en las filas del ejército. Cámara en mano, Kertész no realiza fotografía bélica, sino que nos muestra a los soldados en su vida cotidiana, en el día a día, alejados del campo de batalla. Durante esta etapa bélica es herido de gravedad y mientras se recupera en el hospital trata de recuperar todos sus negativos, sin embargo, la mayor de su obra en este periodo se ha perdido.

En 1917, mientras se recuperaba en un hospital de rehabilitación, realizó una fotografía clave para el resto de su trayectoria profesional, ya que le servirá de inspiración para su serie de las “Distorsiones”. Se trata de “El nadador bajo el agua“, con ella a Kertész le va a llamar mucho la atención de la proyección de la luz sobre el agua y como se deforma la figura del cuerpo humano.

André Kertesz,

André Kertész, “Nadador bajo el agua”.
Fotografía de elpais.com

Como ya no puede colaborar con el ejército vuelve a trabajar para la bolsa durante un breve periodo de tiempo, incluso se plantea dedicarse a la agricultura, pero ninguna de estas profesiones le llenan ni le gustan, a Kertész lo que le apasiona es la fotografía. Consigue trabajar para algunas revistas del país, y nos muestra imágenes de la Hungría más rural junto a sus gentes,  los campesinos.

Fotografías de la etapa húngara (las dos de la izquierda, la primera son soldados de la Primera Guerra Mundial y la segunda campesinos) y la etapa Francesa (

Fotografías de la etapa húngara (las dos de la izquierda, la primera son soldados de la Primera Guerra Mundial y la segunda campesinos) y la etapa Francesa (“En lo de Mondrian”, y El tenedor”) Fotografía: Historicacultura

PERIODO FRANCÉS:

En 1925 Kertész se traslada a París para cambiar su modo de vida e inspirarse, pese a la oposición de su familia, que intentaba convencerlo de que se mantuviera en el mundo de los negocios.

Se instala en el barrio de Montparnasse, zona bohemia de la ciudad, y enseguida se relaciona con otros artistas húngaros, lo que le va a hacer la vida más sencilla ya que a penas conoce el francés y se le dan muy mal los idiomas. Uno de los artistas con los que entabla mayor amistad es con Piet Mondrian, al cual retrata en varias ocasiones, pues una de las primeras cosas que hizo Kertész nada más llegar a París fue retratar a sus amigos artistas y los talleres de artistas, imágenes únicas, cada una diferente, ya que nos hablar de como son personalmente y como es el estilo artístico que seguían. Enseguida notamos esa proyección emocional del autor.

Las gafas y la pipa de Mondrián“.
Fotografía: plataformadeartecontemporaneo.com

Las características de la fotografía de Kertesz en esta etapa parisina serían el interés por las sombras proyectadas por objetos y personas, los juegos de volúmenes, el contraste entre luces y sombras (una característica que vemos a lo largo de toda su trayectoria), el uso de la fotografía cenital, picado y contrapicado, así como los juegos de planos en los cuales a menudo capta a los transeúntes para que podamos ver la dimensión real de la imagen, a la vez que juega con las geometrías. Por todo, podemos decir que Kertsz no dejó nunca de innovar y de probar con la fotografía. Era un maestro.

“Placa rota” fotografía que realizó con un negativo roto.
Fotografía de hoyesarte.com

Hacia mediados de los años 20 Kertész se compró una cámara Leica de 35mm y con ella realizó fotografía nocturna en la noche de París, incluso enseñó a Brassai a captar este tipo de imágenes. Sin duda fue un adelantado a su tiempo, incluso Henri Cartier-Bresson decía “inventemos lo que inventemos, Kertész siempre fue el primero”.

En 1931 Elisabeth viajó a París, pronto se casaron y nunca más se volverían a separar. Si bien es cierto, Kertész tuvo un matrimonio fugaz con anterioridad que supo ocultar a la perfección. En 1933 con el auge del nazismo, la pareja ya empezó a plantearse abandonar Europa, él pertenecía a una familia judía. Lo harán en 1936 con la amenaza de la Segunda Guerra Mundial, y porque empezaba a faltarle el trabajo. Aunque Kertész consiguió trabajar para las publicaciones más prestigiosas del país y se mantenía económicamente, en aquellos años interesaban más los artículos políticos y el trabajo escaseaba.

Además, había recibido el reconocimiento como profesional y artista  con la publicación de una serie de 200 fotografías titulada “Las Distorsiones” en las que mostraba a modelos desnudas a través de un espejo cóncavo y otro convexo, mostrando así la deformación de la cuerpos y la extrañeza de la realidad que tanto le llamaba atención.

ETAPA ESTADOUNIDENSE:

En 1936 Kertész firma un contrato con la agencia Keystone y se trasladan a Nueva York. Allí la vida no va a ser tan fácil como él pensaba, no tiene a sus amigos húngaros y de nuevo los problemas con los idiomas, a penas conoce el inglés y eso hace que le cueste mucho relacionarse y encajar en la sociedad newyorkina. La ciudad no le va a dejar tan cautivado como le ocurrió con París, pero si la va a mostrar en varias fotografías, imágenes que muestran la soledad que siente.

“Tulipán melancólico”. Fotografía de: maestrosdelafotografia.wordpress.com

Consiguió exponer su serie de “Las Distorsiones” en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, pero recibió muchas críticas y comenzaba a estar muy decepcionado, ya que tuvo problemas con las agencias en las que trabajaba, incluso con la revista Life.

En esta etapa podemos ver muchas fotografía con toques surrealistas, ya las había en la etapa francesa y no las va a abandonar en este periodo, pero siendo siempre fiel a su estilo personal, al “hago lo que siento“.

Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo algunos problemas por su nacionalidad, pero pudo solventarlo rápidamente. En 1943 publicó un libro de fotografías con las ultimas imágenes que tomo antes de irse de Europa, “Day of Paris” y con él obtendrá un primer reconocimiento en la ciudad de Nueva York.

En 1952 la pareja se traslada a un apartamento en la planta 12, muy cerca del Washington Square Garden, las vistas de pájaro desde su ventana le dejan cautivado y desde ésta realiza una serie de fotografías del  parque, imágenes en las que juega con los planos y que nos hablan de melancolía, de nostalgia hacía Hungría, pero especialmente hacía Francia, ya que en muchas ocasiones Kertész señaló que se arrepentía de haber abandonado París.

“Washington Square”
Fotografía de diaphotography.wordpress.com

Hacia 1963, al fin, Kertész alcanza el reconocimiento internacional y comienza a exponer por diferentes países, comenzando así el PERIODO INTERNACIONAL, con algunas fotografías tan conocidas como la de “El Balcón de Martinica“, obra que parece de un artista emergente, muestra de que Kertesz nunca dejó de innovar y no abandonó su vocación por la fotografía.

En las últimas décadas que estuvo en Nueva York consiguió entablar relaciones de amistad, algo que le ayudó mucho tras al muerte de Elisabeth en 1977, un hecho que lo sumió en una profunda depresión. Así, en 1979 un amigo le regaló una cámara Polaroid y con ella realizó una serie de fotografías publicadas bajo el titulo “From my window”, fotografías que realizó desde su ventana a través de objetos que compartió con Elisabeth, imágenes que nos muestran la nostalgia y la melancolía que siente el artista por la pérdida de su mujer.

1979, André Kertész. Fotografía de fidelio.hu

1979, André Kertész.
Fotografía de fidelio.hu

Muchas de estas fotografías las hizo en color, otras en blanco y negro, si bien es cierto no fue la primera vez que utilizaba el color, ya lo hizo desde mediados de los años 50 (¡era un adelantado a su tiempo!), aunque tenía predilección por el blanco y negro.

En 1984 Kertész decide donar sus negativos y correspondencia personal al estado francés, que ya le había otorgado la medalla de oro a la ciudad de París. También se conserva parte de su obra en Hungría y en Nueva York.

André Kertész muere en 1985 en su apartamento de Nueva York, este maestro nos deja un legado de fotografías que nos hablan de un estilo propio vinculado a las emociones, de eternidad y de una vocación que llenó de sentimiento durante toda su vida.

Hago lo que siento, eso es todo. Soy un simple fotógrafo trabajando para su propio placer. Eso es todo lo que he hecho siempre”. André Kertész.

Enlaces de interés: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/27/actualidad/1422364646_503443.html

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Hoy, en el Día Internacional de la Mujer…

Cada 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer. Hay muchos y muchas que se preguntan por qué celebramos este día, parece ser que hay demasiados ciegos emocionales, ciegos ante la realidad, ya que como dice el refrán “no hay peor ciego que el que no quiere ver“…

La UNESCO reconoció en 1977 el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, las razones las podéis ver en su web en el siguiente enlace: http://www.unesco.org/new/es/unesco/events/prizes-and-celebrations/celebrations/international-days/international-womens-day-2012/about-womens-day/

Esas son las razones “oficiales” de esta “celebración”, que yo más bien llamaría “conmemoración” a una serie de figuras femeninas que lucharon a lo largo de la Historia por conseguir los derechos básicos de las mujeres y la igualdad de género. Por eso tenemos Días Internacionales, para recordar acontecimientos históricos que no solo no se deben olvidar, sino que hay que recordarlos cada año para que la lucha por la dignidad humana, femenina en este caso (¡qué pena tener que seguir luchando por la dignidad femenina! ¿verdad?), siga intacta y se siga proyectando el progreso. No hay futuro sin memoria. No hay Progreso sin Historia.

Este año no me voy a extender demasiado y no voy a mencionar a muchas de las figuras femeninas clave a lo largo de la Historia, hay tantas… y tantas desconocidas… Aunque hoy si me gustaría destacar a la pensadora y escritora francesa Simone de Beauvoir  (1908-1986) por asentar los principios del movimiento Feminista, esa corriente de pensamiento imprescindible para lograr la completa igualdad entre hombres y mujeres. Un movimiento, una filosofía de vida que está siendo muy criticada en algunos sectores… ¡Qué mala es la ignorancia! y ¡Qué cruel el egoísmo y el egocentrismo viril!

Pero el Día Internacional de la Mujer no solo sirve para conmemorar la Historia, también sirve para reconocer el esfuerzo presente de todas las mujeres del mundo, Mujeres con mayúsculas que cada día trabajan fuera y dentro de su casa, que nunca se cansan (el mundo no nos permite cansarnos), que proclaman la bondad, la justicia y la igualdad en cada unos de sus actos diarios, que luchan por demostrar que hombres y mujeres somos iguales, que no dudan en reconocer las injusticias, también las de género, y tratan de combatirlas día a día. Mujeres que educan a otras mujeres, a niños y niñas, a hombres.. en la igualdad, que les enseñan a dejar de ser ciegos, a ver una realidad injusta que tenemos que cambiar entre todos, para que la siguiente conmemoración de este Día Internacional de la Mujer ya no sea solo eso, una conmemoración, sino también una celebración.

Gracias  a las Mujeres de la Historia por instruirnos con vuestro ejemplo, gracias a las Mujeres de mi presente por mantener ese ejemplo y luchar por el progreso ético, gracias a los hombres feministas, a esos hombres que comprenden la igualdad y la defienden.

Feliz Día Internacional de la Mujer a todas las Mujeres y a las mujeres que aún no saben que lo son. Feliz Día de la Mujer a todas las mujeres de mi familia, especialmente mi madre, mis hermanas y mis abuelas, de mi familia política, a todas mis amigas, mis compañeras, mis conocidas, a las mujeres de la Cultura, ya que sin Cultura no hay Igualdad… a todas ¡Felicidades por ser Mujeres luchadoras!.

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Navegando entre Literatura III … escribiendo la Memoria…

En este nuevo post de crítica literaria volveré a hablar de uno de los autores que más me gustan, por no decir que es el que más, el escritor de la memoria por excelencia , Julio Llamazares. Se trata de un autor que consigue que sus novelas y sus relatos me llenen completamente, sobre todo por ese respeto y esa importancia que le da a la Memoria. Si, Memoria con mayúsculas, porque así es como la trata Julio Llamazares, al englobar en ella la memoria de los hombres, la del paisaje, la de los pueblos… Historia pura, historia desde el sentimiento ¿cómo no iba a gustarme?.

Me gustaría dar algunas pinceladas sobre las tres últimas obras  que he leído y espero poder haceros sentir lo que yo siento cuando leo sus relatos. Por supuesto, no lo conseguiré del mismo modo, ya que él consigue ponerme la piel gallina con la armonía de la sucesión de sus palabras, y eso es muy, muy difícil de conseguir. Cuando las palabras llegan al alma…eso es Literatura.

LA LLUVIA AMARILLA:

“Ainielle existe. En el año 1970, quedó completamente abandonado, pero sus casas aún resisten, pudriéndose en silencio, en medio del olvido y de la nieve, en las montañas del Pirineo de Huesca que llaman Sobrepuerto”.

Así comienza “La lluvia amarilla”, una novela que habla del paso del tiempo, de la soledad y del abandono de los núcleos rurales españoles, pequeños pueblos como Ainielle que sufren no solo el abandono de sus gentes, sino el olvido de muchas generaciones posteriories, lo que es aún peor. Julio Lllamazares tiene esa sensibilidad, que tanta falta hace en la actualidad, hacía los lugares que estuvieron llenos de vida durante mucho tiempo, pero que hoy en día por las “necesidades urbanas” han quedado postergados al abandono más absoluto, obviando la importancia que tuvieron para sus pobladores, personas que construyeron la Historia, como tanto otros en el entorno urbano, al que se le viene atribuyendo mayor progreso. Sin embargo ¿existe el progreso en el olvido? yo creo que no.

Como no me gusta desvelar toda la trama de las novelas, para eso hay que leerlas, solo haré una pequeña introducción al hilo conductor del relato.  Andrés es el último habitante de Ainielle, se resistió a abandonar el pueblo que le vio nacer y al que pertenecieron sus antepasados. Vinculado a la tierra, como si de su sangre se tratara, paso los primeros años del abandono del pueblo por parte de sus vecinos con su mujer. El tiempo, la soledad, la melancolía, la nostalgia y el pensamiento acompañarán a Andrés durante toda su senectud.

Con él aprendemos a valorar unas raíces, para muchos desconocidas, que asentaron en el mundo rural, valientes como Andrés, que lucharon contra la adversidad y defendieron la Memoria de enclaves que fueron la base de nuestra sociedad, aunque el precio para él fuese muy alto…

Narrado en primera persona, como es habitual, consigue que el lector sea “Andrés” y sufra lo que él, incluso logra que cuando dejas de leer sigas pensando durante mucho tiempo como el personaje. Sin duda, eso es Literatura.

TANTA PASIÓN PARA NADA:

Se trata de una recopilación de 12 relatos y una fábula. De temática variada, pero siempre con la esencia de Julio Llamazares, en ellos podemos ver reflejados aspectos como el paso del tiempo, miradas a la Historia tangible, esa que está al alcance de nuestras manos, el respeto a la Memoria, guiños al mundo rural etc.

Los relatos o “cuentos” tienen una moraleja final, relacionada con el título del libro “Tanta pasión para nada“. La extensión es la adecuada para que te mantenga en vilo durante toda la narración, lo que hace que no puedas dejar de leer hasta conocer el final.

En este libro la narración varía, dependiendo de la trama a veces la narra en primera persona y otras en tercera, alejándose del personaje y observándolo desde fuera. Los relatos que más me han gustado son “El médico de la noche” y “A Primout no vuelve nadie”, cuyas moralejas, como todas, hacen reflexionar sobre el parecer humano y el legado del Patrimonio rural.

DISTINTAS FORMAS DE MIRAR EL AGUA:

Es curioso como me siento tan identificada con este escritor, comparto su modo de pensar en cada libro y con cada historia, incluso he vivido situaciones similares que hacen que “lea con otros ojos” cada novela. El respeto a la Memoria, el sentir la Historia como algo imprescindible, y la ética humana, ante todo son la base de una Cultura global, y las proyecta en cada libro. Desde que lo conocí me pareció una de las figuras imprescindibles de la literatura actual, sin lugar a dudas. ¿Se puede pedir más?

Parte de mis raices vienen de León, de la zona de Babia a la cual para acceder hay que pasar por el “pantano de Luna”, un cementerio de agua donde enterraron el que fue el pueblo de mi bisabuela. Desde pequeña, siempre que pasaba y paso por allí intento imaginar cómo serían los pueblos que allí había, quién los habitaba, cómo era su modo de vida… (algo innato en una historiadora creo) y la tristeza me invadía entonces. Pero también me he preguntado muchas veces ¿quién puede sentirse capaz de arrebatarle las raíces, la casa y un vinculo a un pueblo, y pensar que es lo mejor? ¿eso no es algo parecido a lo que sería creerse un ser supremo? También creo que para tomar ese tipo de decisiones es necesario carecer de escrúpulos, de no ser así no veo probable pensar que “el progreso económico lo justifica todo” (como diría el propio autor).

Y por esto en cuanto supe que Julio Llamazares publicaba nueva novela “Distintas formas de mirar el agua” (me enteré por el artículo en el que hablaba de ella: http://elpais.com/elpais/2015/02/10/eps/1423570330_873988.html y que os aconsejo) no dudé ni un segundo en comprarla, sin duda la buena Literatura es una inversión para la eternidad.

En este trabajo, Llamazares consigue hacer un ejercicio de empatía digno de admiración.  El hilo conductor de la trama se sitúa en el embalse del Porma (León) un día precioso de primavera interrumpido por un funeral. Una familia acude al embalse a echar las cenizas del “pater familias” sobre el agua que un día cubrió el que fue su pueblo, Ferreras (cercano a Vegamián, lugar de nacimiento del autor). En cada capítulo, narrado en primera persona, cada miembro de la familia nos desvela sus pensamientos, sus sentimientos y sus pareceres hacía un lugar tan bonito y tan triste a la vez “el pantano que cubrió todo un valle”.

Consigue acercarse a todos los puntos de vista, reales (he podido comprobarlo con muchas personas) y a la dureza de defender unas opiniones o unos pareceres alejados del “humanismo”. Otros, sin embargo, muestran muy bien esos sentimientos de dolor al desarraigo, al abandono forzado y al respeto a la Memoria de una zona y sus pobladores. Con ese dolor me siento identificada, porque es el humano, el natural.

Hacía mucho que no lloraba tanto con un libro, Julio Llamazares ya me había cautivado como lectora, pero con esta obra maestra, ha conseguido que las emociones perduren pese haber finalizado la lectura. Esta es la literatura de las emociones, esa que llega a nuestro interior y hace que no podamos olvidarla.

Para finalizar me gustaría citar unas palabras que comparto con Teresa, la hija mayor de la familia:

…se escucha en este lugar al que nadie acude ya salvo a contemplarlo desde los miradores. La gente que lo hace ni siquiera sabe muchas veces lo que debajo del agua se oculta ni la historia que se borró para siempre con la demolición de los pueblos que aquí existieron. De ahí, que algunos exclamen mientras lo contemplan: “¡Qué bonito!”. Y que triste, añado yo”.

Majestuosas palabras.

Literatura. Julio Llamazares. Fotografía: Histórica Cultura

Literatura. Julio Llamazares.
Fotografía: Histórica Cultura

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Precariedad cultural. A veces la vocación sale cara.

A veces la vocación sale cara.

Desde niños intentan inculcarnos el valor del esfuerzo, la responsabilidad, la persistencia, el respeto y el compañerismo. En algunos casos lo aprendemos muy bien porque entendemos que estos valores nos forman como seres sociables, un aspecto fundamental como muestra el proceso de hominización.

Aunque haya quién lo desconoce, con la educación nos formamos como personas e interiorizamos aspectos básicos para la vida en común como es la inexistencia de razas dentro de una única “humana”, que todos tenemos los mismos derechos, porque todos somos iguales y que el trabajo de cada una de las personas que forman la humanidad es necesario para poder vivir en un mundo equilibrado. Parece obvio, sin embargo, en el día a día vemos como estas enseñanzas no se han desarrollado, no se han comprendido o no se han explicado bien a muchos individuos que intentan convencerse de que unos “valen más que otros”.

Cuando nos hacemos adultos, por alguna extraña razón… comenzamos a tener miedo, miedo de expresar nuestras opiniones, de elegir caminos por los que siempre tuvimos claro que nos decantaríamos, de no ser aceptados por la gran mayoría social, incluso de no pensar como “todo el mundo” y pasar a no pensar nada. Pese a todo, algunos elegimos la vocación. Pero claro, no todas las vocaciones son iguales, hay quién piensa e incluso intenta defender, en vano por supuesto, que unas son más necesarias que otras.

No recuerdo desde que edad decidí que quería dedicarme a la Historia, muy pequeña por lo que parece. Sin embargo, con 18 años cuando tenía que matricularme para comenzar la universidad, el “orientador” de mi instituto trató de convencerme de que estudiase algo más útil que dedicar cinco años de mi vida a la Licenciatura en Historia, una carrera que no me iba a servir para nada prácticamente. Ni la Historia ni nada relacionado con las Humanidades o la cultura en general. Me dio la risa porque intentaba pasar por alto mi vocación, la minó completamente.

Entonces me molestó, pero tenía energía suficiente para aclarar a todo aquel que intentase convencerme de que “algo no sirve para nada“, que las Humanidades y la Cultura son necesarias para el ser humano. Argumentos que no voy a exponer en este post, porque creo que en el fondo todo el mundo lo sabe, aunque no quiera asimilarlo, y porque nadie mejor que Noccio Ordine en su ensayo “La ultilidad de lo inutil” para argumentarlo.

Contra viento y marea, unos cincuenta alumnos comenzamos la licenciatura, llenos de entusiasmo, con ganas de aprender y felices por hacer lo que nos gustaba. Al finalizar decidí hacer un máster en Gestión Cultural para dedicarme a lo que siempre había querido, hacer llegar la Historia, el Patrimonio y la Cultura a la ciudadanía. Bonito, ¿no?.

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Representación de un caballero medieval en un capitel de la iglesia románica de Rebolledo de la Torreo (Burgos). Patrimonio artístico, Patrimonio rural. Fotografía: Histórica Cultura

La realidad es que la vocación te permite entrar muy pronto en el mercado laboral, ya que el deseo de aprender y poner en práctica lo aprendido hace que comiences con becas, prácticas y trabajos temporales para ir cogiendo experiencia y sentirte realizado. Pero la experiencia en el sector cultural no importa, a no ser que tengas 10 años de experiencia realizando una misma tarea, domines tres idiomas, tengas dos licenciaturas y tres máster, además de miles de cursos de especialización: que sepas hacer de todo y más… nunca es suficiente.

Ante esta crispación, lo que más me ha dolido siempre es el hecho de que todo el mundo se permita el lujo de opinar sobre un sector que no conoce, gran parte de la sociedad opina que es normal que en el sector cultural no haya empleo porque no hay demanda (total, ¿para qué sirve?), otros opinan que como ya sabías que no ibas a tener trabajo lo llevas mejor que otros titulados de “carreras más difíciles”, cuando ni siquiera saben muy bien a qué te dedicas. Etc etc…

Algo muy curioso es cómo el empleo cultural es precario por naturaleza. Como tienes vocación y “trabajas de lo tuyo”, cobras una miseria y realizas bien tu trabajo, tienes que estar contento pese a todo, es más, ni se plantean que podamos reclamar unos derechos laborales básicos. Es difícil acceder a un trabajo relacionado con la cultura, y cuando lo consigues no solo se infravalora, sino que muchas veces hay quien intenta convencerte de “es lo que hay”, ” es lo que mereces”, “conténtate con lo que tienes, bastante que lo tienes”, “suerte que lo has conseguido”….   [¡Qué pena tener que recordar el esfuerzo invertido!]

Todo sin tener en cuenta la precariedad laboral (salarios más que míseros, horarios no recompensados, intrusismo laboral descarado… un largo etcétera) a la que la mayoría está sometido; claro que quizá tampoco se sepa de cara al exterior porque la vocación y el entusiasmo en el trabajo lo ocultan. Tampoco quiero extenderme mucho en este aspecto, se trata de un artículo de opinión, pero hay que contenerse.

Sería interesante practicar la empatía. Cuando algún médico o algún ingeniero se queda en paro nos llevamos las manos la cabeza y decimos “¡no es posible!, tanto años estudiando y ¡con la falta que hacen!” (no digo lo contrario). Si un historiador, un artista, filósofo, un gestor cultural o un filólogo  no encuentra empleo a nadie le sorprende.     [Aquí tendría que volver a argumentar porque son necesarias las Humanidades, la Cultura… idem idem idem…]

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Torre del castillo de Calatañazor, siglo XII, Soria. A veces “lo valioso” se encuentra solo con mirar a nuestro alrededor. Fotografía: Histórica Cultura.

Por no hablar de la moda del “emprendedor”, es decir, “si no encuentras nada ponte por tu cuenta”….claro, sin a penas experiencia y sin dinero… ¡por pedir que no quede, que ganas no faltan! y ponte a explicar a qué te dedicarías… ¡ardua tarea!.

Partimos de que se estudia por vocación (muchos siguen esta convicción) y por proyección de futuro; claro por eso una gran parte de los estudiantes deciden hacer una carrera que no les gusta porque en un futuro ganarán mucho dinero. Algo aparentemente normal si ven el ejemplo de otros que dedicaron años de universidad a las ramas profesionales que siempre quisieron y solo han recibido rechazo y precariedad consentida por el general o normalizada por el conjunto social. A veces, la vocación sale cara.

¿Quién decide lo que vale o lo que no vale? ¿Quién decide quién “sí” tiene derechos y quién “no”?  y haciendo autocrítica a los profesionales del sector cultural ¿Por qué lo consentimos todo, el intrusismo laboral (exorbitante), infravaloración, precariedad laboral? ¿Por qué no sabemos o queremos defender lo nuestro? Estamos sumidos en una precariedad cultural absoluta y lo consentimos, o peor aún, nos acostumbramos nosotros y a los demás.

No digo que la Cultura sea mejor que otras opciones, digo que es igual de valida que todas las demás, y que merece el mismo reconocimiento.

En fin, gracias a todos los lectores por dedicarle tiempo a este artículo de opinión que tantas ganas tenía de escribir. Aunque a veces la vocación sale cara, el contínuo querer aprender y disfrutar haciéndolo no tiene precio.

Todo lo que hacemos y, por supuesto, todo lo que vive nuestro cuerpo, se sostiene, entiende y justifica sobre el fondo irrenunciable de lo que hemos sido. Ser es, esencialmente, ser memoria” (Emilio Lledó)

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