Literatura de Mujer. La Tribu. Carmen G. de la Cueva.

Dice Carmen G. de la Cueva en su libro “Mamá, quiero ser feminista“, que escribir es lo que más se acerca a contar la verdad. A su vez, Tillie Olsen dijo “cualquier mujer que escribe es una superviviente“. Por eso son tan importantes las mujeres que nos muestran la realidad a través de la palabra escrita, pues cuentan la verdad y nos convierten en supervivientes.

El ensayo “Mamá, quiero ser feminista” de Carmen G. de la Cueva es una autobiografía, un diario de vida en el que la autora nos cuenta como es su vida como mujer a la vez que nos va descubriendo el feminismo o como éste puede ayudarnos durante nuestra existencia.

Gracias a ella no nos sentimos solas, pues abre las puertas a la comprensión de los problemas que como mujeres tenemos a lo largo de nuestra vida. Nos enseña que otras escritoras ya reflexionaron para dar a conocer una realidad casi siempre oculta. Ella misma hace este ejercicio  y con ello consigue que nos sintamos identificadas, pues pone palabras a muchas sensaciones compartidas.

También hace que nosotras mismas nos demos cuenta de muchas realidades que podían pasar desapercibidas por estar tan inmersas y aceptadas en la sociedad patriarcal, lo que provoca que muchas veces no seamos conscientes de ellas. Además, nos da pistas de cómo enfrentarnos a estas circunstancias.

Periodista y escritora sevillana, Carmen G. de la Cueva también colabora en eldiario.es y es directora de la editorial feminista “La señora Dalloway”.  Dirige  “La tribu, un cuarto propio compartido, espacio dedicado a  la cultura creada por mujeres y al feminismo, en el que colaboran distintas autoras.

Os animo a seguir a La Tribu y por supuesto a leer los ensayos de Carmen G. de la Cueva, pues no solo nos adentra en el feminismo sino que, además, nos ayuda  a mantenernos despiertas en esta realidad oculta.

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Carmen G. de la Cueva. Fotografía de infolibre.es

 

 

Enlaces de interés:

Carmen G. de la Cueva: “El feminismo es un trabajo que empieza muy pronto y que dura toda la vida”.

Carmen G. de la Cueva: “La estabilidad está sobrevalorada”

Carmen G. de la Cueva aprovecha el verano para alejarse del “volumen febril de la vida cotidiana”.

 

 

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Literatura de Mujer. Chimamanda Ngozi Adichie

“Hoy me gustaría que empecemos a soñar con un plan para un mundo distinto. Un mundo más justo. Un mundo de hombres y mujeres más felices y más honestos consigo mismos” 

Chimamanda Ngozi Adichie

    Chimamanda es una joven escritora nigeriana que vive entre su país y Estados Unidos. Autora de varias novelas y ensayos, es una de las precursoras del feminismo actual.

Hoy mencionaré dos ensayosTodos deberíamos ser feministas (2015) y Querida Ijeawele. Cómpo educar en el feminismo (2017), ambos editados por Literatura Random House.

        Todos deberíamos ser feministas:

Se trata de una obra fundamental para todas aquellas personas que se inicien en el pensamiento feminista. Es un breve ensayo elaborado a partir de la charla TED que la autora dio en el año 2013.

Sencillo y apto para todo tipo de lectoras y lectores, mediante la exposición de ideas claras y concisas nos muestra los principios – aparentemente tan lógicos, pero que en la actualidad no tienen proyección practica- del feminismo y la manera en que éstos no suceden en el mundo actual.

Es curioso como, en cualquier parte del mundo, África, Ámerica o Europa, las mujeres sufrimos similares tipos de discriminación machista. Chimamanda nos muestra muy bien las desigualdades que se dan en Nigeria y que a su vez suceden en Estados Unidos o en cualquier lugar en que se sitúe la lectora. También podemos sentirnos identificadas con los estereotipos generalizados o la “educación” impuesta que sufre en su persona, pues ella es nuestro espejo.

Sin duda, este libro es una gran reflexión y un llamamiento a la conciencia feminista como un valor fundamental para los seres humanos.

          Querida Ijeawele. Cómpo educar en el feminismo

Chimmanda, a petición de su amiga Ijeawelw, escribe una carta en la que explica como debemos educar a nuestras hijas (e implícitamente a nuestros hijos) en el feminismo. Explica en 14 sugerencias la manera en que podemos desmontar las imposiciones diferenciales sobre el género, por ejemplo, desde la eliminación de colores según el género (rosa para niña o azul para niños)o la incompatibilidad de los juguetes sexistas con la igualdad, hasta las tareas y comportamientos habitualmente establecidos para las mujeres: “en lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente”.

Este pequeño ensayo en forma de correspondencia debería ser de obligada lectura para todos los educadores y educadoras, así como para nuestros jóvenes, pues todo se puede cambiar desde la educación, incluso a través de ella conseguir un mundo mejor.

Muchas veces, los libros de temática feminista suelen llamarnos más la atención a las mujeres, sin embargo espero que esto cambie poco a poco, pues las obras de Chimamanda son inexcusables para todas las personas.

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Fotografía de Chimamanda Ngozi Adichie. Cadena ser

 

Enlaces de interés:

Chimamanda Ngozi Adichie: “Nuestra época obliga a tomar partido”.

Chimamanda Ngozi Adichie. TEDxEuston

Chimamanda Ngozi Adichie: “No descubrí que era una muchacha negra hasta que llegué a América”.

 

                     

 

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Repensar la conciencia

“No hay prisa. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie salvo uno mismo”.

(Virginia Woolf)

Creo que uno de los problemas que solemos tener las mujeres es que no somos conscientes de nosotras mismas.

Es curioso como, incluso esforzándome en forjar el pensamiento crítico, no he conseguido decir abiertamente que soy feminista hasta los treinta años. Me avergüenzo por no haber conocido antes el concepto ni la ideología pese a ser necesaria para la sana convivencia de las mujeres en este mundo.

No voy a escribir sobre feminismo porque no estoy preparada, pues mis lecturas todavía no son suficientes como para poder explayarme o expresarme correctamente. Además, hoy solo quiero lanzar una petición.

Reconozco que he tomado conciencia de mi misma, de mujer, hace poco tiempo. Realmente creo que siempre he defendido los valores de la igualdad y he sido muy crítica con todos los abusos sociales, sin excepción. Sin embargo, no me había mirado al espejo para darme cuenta de que el género es razón para la discriminación.

El heteropatriarcado está tan implantado en nuestras mentes que no somos conscientes de él hasta que hacemos una profunda reflexión sobre nosotras mismas. De algún modo, y muchas veces sin ningún tipo de intención por parte de nuestros progenitores, a las niñas nos inculcan la vergüenza hacia nuestro cuerpo, la debilidad con su consecuente búsqueda de protección, la inseguridad con la necesidad de que nos faciliten su antagónica, así como la cautela, el silencio y el miedo.

Pero para llegar a esta conclusión debemos pensar, leer, conversar y sobre todo esforzarnos en reflexionar sobre nosotras mismas, repensar nuestra conciencia y existencia como mujeres. Esa es mi petición. Porque para invertir en educación, poder revertir la situación y explicárselo a los hombres (en ocasiones tan inconscientes, inintencionadamente, como muchas de nosotras de la realidad por los mismo motivos patriarcales), primero tenemos que reconocer las diferencias impuestas al género. Es nuestro derecho, nuestra necesidad y nuestra obligación para con el presente y el futuro.

Todavía me sorprende que haya mujeres que no vean necesaria la Huelga del 8 de marzo, porque dicen que no hay motivos ¿realmente lo piensan?.

Por favor, solo os pido que seáis conscientes, que no negéis vuestra realidad y reflexionéis sobre la situación de desigualdad imperante que sufrimos, absolutamente todas y en diversos ámbitos. Porque si queremos la igualdad real todas somos feministas y estamos juntas en esto.

Hagamos una lista: con nuestra rutina ligada al cuidado del hogar, la “obligación” de seguir cánones de belleza imposibles, el miedo a volver solas a casa, el alzar la voz para que nos escuchen y puedan comprobar que no somos invisibles, el permiso o la inseguridad en la búsqueda de independencia pues nos han enseñado que no debemos estar solas porque somos “vulnerables”.

Por favor, tomad conciencia de mujeres y luchemos juntas, porque todas somos una y sin nosotras el mundo se para ¡demostrémoslo!

“Os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el futuro”

(Safo de Lesbos)

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Ecos del silencio

Hubieras cumplido 24 años. Enero de 1938.

La vida, o la muerte, se torna así y cuatro días antes de tu cumpleaños mueres de frío, bronconeumonía lo llamaron. Recibió los Santos Sacramentos y sepultura eclesiástica… tan lejos de tu casa, sin que ninguno de tus familiares pudiera acudir a despedirte. Solo. Allí, en una fosa común pasarías alrededor de dos o tres décadas, hasta que las instituciones públicas pertinentes decidieron vaciar las fosas comunes y tirar tus restos al osario. Que ninguna persona te reclamó era su justificación.

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Osario del cementerio de Santa Isabel de Vitoria. Tres claveles por tu memoria, la que guardaba tu hermano y la que mantienen tu sobrina y tu sobrina-nieta.

Desde que te fuiste para siempre nadie supo más de ti hasta pasados unos 78 años, en que mirando y recordando tu fotografía empezaron a surgir las dudas.

Todo eran habladurías, era soldado decían, murió cuando la guerra, o quizá antes, estaba en el norte por Santander o Vitoria… Y nada más. Pero mi abuelo guardaba tu retrato como si fuera un tesoro. El 8 de enero de 1938 no estabas solo, tu presencia fue constante en el corazón de los que te querían, y lo siguió siendo después.

Hace más de dos años que te busco y no te encuentro, a penas te conozco. Nacido en un pueblecito de León, eras sastre de profesión, soldado de Sanidad Militar de A Coruña (no se desde cuando), estuviste en Calatayud y en Vitoria durante la Guerra Civil. En esta última ciudad falleciste en un “Hospital Militar” de bronconeumonía y en el cementerio municipal te enterraron con la sola presencia del ebanista. Y tu retrato… uniformado como soldado, realizado por un fotógrafo que por algún motivo que desconozco pasaba por allí y decidió fijar tu imagen.

La mayoría de los documentos que hablan de ti han desaparecido. Los pocos datos que tengo no me permiten conocerte bien. ¿Soldado al que sorprendió la Guerra mientras realizaba el servicio militar obligatorio? Es posible ¿Participaste en el Frente de Aragón? también lo es ¿Falleciste a consecuencia del frío en un campo de concentración camuflado como “Hospital Militar Seminario” de Vitoria? Es más que probable ¿En que bando tuviste que luchar? ¿Estabas relacionado con la militancia de tu hermano mayor? ¿En alguna etapa de ese año y medio de Guerra tu participación fue voluntaria?

Dudas y más dudas que me separan de la salvaguarda de tu memoria. Busco en la historiografía contemporánea y me ayuda a establecer un contexto, pero son solo interpretaciones en las que quizá me equivoque, la Historia no es una ciencia exacta. Y el silencio, ese silencio impuesto que me impide encontrar tus recuerdos en aquellos que aún los tienen. No se pueden plantear preguntas. A penas hay respuestas. Solo silencio.

Además no es fácil, por mucho que se esfuercen es desesperante la espera de la documentación, cuando la hay. La falta de medios para la investigación, sobre todo a nivel personal aunque la realice un historiador. La pasividad y la falta de comprensión de la mayoría de las personas que nos rodean. Ese silencio atroz.

Hoy, en el 104 aniversario de tu nacimiento, quiero recordarte. Quizá los tres claveles que te llevé echen raíces y un día pueda encontrarte y conocerte mejor, salvar tu Historia. Aunque quizá ya me he rendido.

Hace 80 años que desapareciste, el silencio intentó que te olvidáramos pero siempre hay ecos que nos devuelven la esperanza y tu recuerdo.

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Leonides, 12 de enero de 1914 – 8 de enero de 1938.

 

 

 

 

 

 

 

 

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El Batallón Numancia

El Numancia fue, en los cuatro meses que estuvo en este sector alcarreño, una unidad heroica, entusiasta y disciplinada. Sus hombres eran todos antifascistas que pugnaban por reconquistar sus tierras, en su mayoría sorianos y riojanos, cuyo mérito era reconocido por el propio enemigo“.

Juan Antonio Gaya Nuño, 1937.

El 18 de julio de 1936 se produjo en España un golpe de estado militar que condujo al desarrollo de una Guerra Civil que duraría hasta 1939. Tras el fallido resultado del golpe a consecuencia de la resistencia ofrecida, muchos voluntarios de todo el país comenzaron a enrolarse en las milicias para formar parte de un ejército popular leal a la República.

La región castellanoleonesa pronto cayó en manos de los rebeldes, por lo que muchos quisieron hacer frente a esta ocupación, algunos desde sus propias ciudades de origen y otros desde sus lugares actuales de residencia. Tal es el caso de muchos sorianos residentes en Madrid.

Un mes después, el 18 de agosto, los periódicos de Madrid hicieron varios llamamientos con el objetivo de conseguir voluntarios para las milicias, muchos de ellos dirigidos a ciudadanos residentes en la capital a los que se les pedía que se alistaran. Algunos se agrupaban según sus lugares de origen (hubo milicias abulenses, segovianas, salmantinas etc.) a través por ejemplo, de las Casas Regionales , para poder reconquistar sus tierras y defender la legalidad republicana. De este modo, varios dirigentes sorianos, entre ellos el diputado por Soria del Frente Popular, Benito Artigas Arpón, hicieron un llamamientos a todos los sorianos residentes en Madrid.

“Soria, nuestra querida madre, tierra de libertades, está en su mayor parte oprimida por los traidores de la República. Ha llegado el momento de nuestra más eficaz colaboración con la lucha por la democracia. 

Todos los sorianos residentes en Madrid, todos los que quieran arrancar nuestra tierra, nuestros hermanos , nuestros afectos todos al látigo oprobioso del fascismo, deben apresurar su inscripción, acompañada del mayor número de pruebas de significación izquierdista , en la milicia que se organiza a tal efecto y que, tras adecuado adiestramiento para las armas en los cuarteles de las gloriosas milicias, se unirá al Ejército leal y a los hermanos antifascistas de La Rioja y Navarra para librar nuestra meseta del Duero del afrentoso yugo reaccionario ¡Viva la Rpública del pueblo! ¡Viva Soria antifascista! ¡Abajo el fascio!”.

(El Liberal)

Como Soria no tenía Casa Regional, los residentes en Madrid y los evadidos que iban llegando de la provincia se fueron reuniendo en la cafetería María Cristina de la capital y posteriormente en un hotel.

Las milicias sorianas respondieron con gran ímpetu y llegaron a los 400 inscritos, pero como eran necesarias 750 personas para formar un batallón, a ellos se fusionaron las milicias navarras y riojanas, constituyéndose de este modo el Batallón Numancia.

En octubre de 1936, ya instruido y dirigido por Artigas Arpón, el Batallón Numancia se dirigió al frente de Guadalajara, provincia colindante con Soria (ocupada por el general Mola) y Madrid (leal).

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Estampa, 17/10/1936

Dirigidos por prestigiosos coroneles como  Jimenez Orge y  Víctor Lacalle Seminario, lucharon junto a milicias del P.O.U.M, con anarquistas de la CNT, con combatientes del sector ferroviario, junto al Alicante Rojo, Leones Rojos, Milicias socialistas, Batallón Pasionaria y las Brigadas Internacionales entre otros para lograr mantener las líneas del Frente de Guadalajara. Vivieron grandes victorias y duras derrotas como fue, por ejemplo, la pérdida de Sigüenza.

Al Batallón Numancia se inscribieron personas de renombre como el ilustre soriano Juan Antonio Gaya Nuño, gracias a cuyas memorias de la guerra (editadas a través de Cálamo, con Margarita Caballero y Álvaro Sanz. “Memoria de Guerra”) tenemos más conocimientos sobre este frente. Fueron milicianos también Miguel Ranz Iglesias, vicepresidente de la Diputación Provincial o Baldomero Peralta, entre otros. De todos sus componentes cuentan grandes hazañas desde que llegaron al frente en octubre de 1936.

A raíz de la ofensiva fascista (del ejército sublevado o también llamado Nacional) sobre el Jarama fue preciso enviar allí al mágnifico Batallón Numancia (en palabras del propio Gaya Nuño) y relevado de sus posiciones en Gualadajara (Jadraque). Allí perecieron gran parte los milicianos de los que hasta el enemigo, decían, tenía buenas palabras para ellos.

Allí quedaron sus valientes efectivos, portándose todos con bravura incomparable, hasta el punto de rebasar los objetivos y adentrarse en terreno faccioso. No volvió al frente de Guadalajara esta gloriosa unidad, cuyo elogio haré en toda ocasión (…) A su merecida fama le acompañó la desgracia y sus restos están hoy en el frente de Madrid”.

Juan Antonio Gaya Nuño, 1937.

 

 

 

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Navegando entre Literatura VII. Sobre la Tierra y el Tiempo…

“Quién es de la tierra, de la tierra siente y de la tierra habla”

(Pedro de Lorenzo).

Hacía ya bastante tiempo que no escribía sobre algunas de mis últimas lecturas. Hoy me ha parecido un buen día para hacerlo, puesto que he estado reflexionando sobre el concepto de nuestra tierra” y la evolución de la misma.

Nada mejor que leer y conocer diversas opiniones para poder formar la propia, de ahí la importancia de la literatura y la cultura en general como fuente para la creación del espíritu crítico de las personas.

Mi tierra es Castilla y Léon, una región olvidada por las Administraciones y sumida en un letargo social que hace de ella,- aunque no nos guste reconocerlo-, un territorio triste, abandonado y anclado en tiempos pasados, no siempre mejores.

Varios autores castellanoleoneses han reflexionado sobre la región, desde los regionalistas u ochentayochistas adoptados por estas tierras como Antonio Machado (Campos de Castilla). De finales del siglo XIX principios del XX debo destacar el papel de Julio Senador Gómez con obras tan importantes comos “La canción del Duero. Arte de hacer naciones y de deshacerlas”. Así también, autores contemporáneos como los ya fallecidos Avelino Hernández (Donde la Vieja Castilla se Acaba: Soria, Aún queda sol en las bardas)  Justo Alejo (Prosa Errante) Ramón Carnicer (Gracia y desgracias de Castilla la vieja, Donde las Hurdes se llaman Cabrera) y J.A Gaya Nuño (El Santero de San Saturio). O los más conocidos como Luis Mateo Diez (Relato de Babia) y Julio Llamazares (Cuaderno del Duero, El Río del Olvido).

Es difícil encontrar libros de estos autores. Los interesados por esos temas generalmente debemos recurrir a las librerías de antiguo o la búsqueda online de libros de segunda mano; pues la mayoría se encuentran descatalogados, quizá por el poco interés que suscitan en el público general  y como consecuencia del enfoque comercial de la mayoría de las editoriales.

En esta ocasión me referiré a tres autores cuyas obras han marcado un antes y un después en mi razonamiento sobre la región castellanoleonesa.

SERGIO DEL MOLINO. LA ESPAÑA VACÍA.

Aunque el autor del ya muy conocido ensayo “La España Vacía” no es castellanoleonés de nacimiento, si lo es de origen y quizá este fue uno de los motivos que le hizo reflexionar sobre el estado de abandono de una parte importante de nuestro país.

Se trata de un ensayo ameno en que el autor reflexiona sobre el punto de partida, las posibles causas y las actuales consecuencias de la despoblación de los núcleos rurales en el marco geográfico que él ha llamado la España vacía

A través de varios ejemplos locales acompañados de un contexto literario, musical o cinematográfico expresa su sentir sobre la relación entre la España olvidada (mucho mayor en términos de extensión geográfica) y la otra España, urbana y “exitosa”.

Su obra me dio mucho que pensar, incluso me di cuenta de algunos comportamientos un tanto egoístas que tenemos especialmente los habitantes de la urbe, como por ejemplo hablar de esta España olvidada sin darles la palabra a aquellos que la habitan. 

De la misma manera que no comparto algunas de las críticas que muestra hacia algunas soluciones propuestas (como las vinculadas a la cultura y el turismo) si lo hago con algunas conclusiones como el sentido de los barrios y el espíritu que en ellos se respira, siendo “pequeños pueblos” construidos dentro de las ciudades para poder solventar una carencia habitacional y comunal del sentir de una parte de la población.

Ésta me parece una obra fundamental, no solo por su contenido sino porque marca el inicio de un debate que no debe desaparecer: el problema de la despoblación rural en España.

AVELINO HERNÁNDEZ:

Fue un escritor soriano comprometido con la región, que comprendió que el valor, la educación y el respeto eran fundamentales para la superveniencia de esta nuestra tierra.

Escribió muchos cuentos, dicen que para niños, pero yo creo que para todos los públicos. De éstos me gustaría destacar “El Valle del Infierno” ,“Silvestrito” y “Una vez había un pueblo” en los que narra como es la vida en los pueblos, en concreto en el suyo: Valdegeña. Lo hace mostrando la sabiduría y los valores que están inmersos en el mundo rural.

Además de leer sus cuentos aconsejo al visita a Valdegeña, es un maravilla.

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Valdegeña (Soria). Fragua del Herrero Víctor (“El Valle del Infierno”)

DONDE LA VIEJA CASTILLA SE ACABA: SORIA

“Donde la vieja Castilla se acaba es, más que un libro, una declaración de amor, una introspección poética, un recorrido por una tierra que es más que eso, una exaltación, en fin, de todo lo que la literatura tiene de misterioso y emocionante.(…)” Estas son las palabras de su amigo Julio Llamazares, escritas en la nueva edición que debemos agradecer a Rimpego. 

En esta obra, el escritor soriano nos muestra una guía de la provincia de lo más completo. Pero no se trata de una muestra de monumentos y lugares de interés, sino que va más allá: nos adentra en la vida de los enclaves, enseñándonos a sus gentes, sus costumbres, las leyendas y todo lo que conforma la esencia de un lugar que un día estuvo repleto de vida y que hoy cae en el mayor olvido institucional.

También da lugar a críticas constructivas siempre desde el respeto, la empatía y atendiendo al contexto para poder ofrecer soluciones. Avelino Hernández hace que nos enamoremos de Soria y sus gentes a través de un relato lleno de admiración, amor y valentía al no sentirse derrotado en la lucha por la supervicencia de su tierra.

EL AQUILINÓN: 

Siempre vinculado a su pueblo y a la provincia de Soria, aunque no siempre valorado por ello, en esta ocasión narra las hazañas de Aquilino Periañez “Aquilinon”, un socarrón que a través de sus enseñanzas existenciales y sus vivencias, no solo nos saca miles de sonrisas, sino que también nos da lecciones de vida. Narrado desde el más absoluto respeto y cercanía hace que nosotros también nos convirtamos en amigos del gran Aquilino.

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Vista de Valdegeña, pueblo de Avelino Hernández, desde la iglesia.

BLAS PAJARERO Y FÉLIX CUADRADO LOMAS. RETAZOS DE TOROZOS.

“Retazos de Torozos” ha sido uno de los regalos más especiales que he recibido, especialmente porque me lo hizo una gran compañera y está dedicado por uno de sus autores. Pero también por el detalle que lleva inmerso: un libro que habla de la tierra, escrito por vallisoletanos, en que el prólogo lo escribió un soriano y el epílogo un zamorano. ¡Gracias amiga!

Se trata de una obra reeditada en 1980  que consta del prólogo en inicio censurado (1967) de J.A Gaya Nuño, el publicado en la primera edición (manuscrito) y el epílogo del zamorano Justo Alejo.  Dedicado a los muertos en Torozos (con el significado oculto que conlleva esta dedicatoria para poder superar la dictadura franquista), escrito por Blas Pajarero y acompañado de los retazos del artista Félix Cuadrado Lomas.

En el libro se narra y describe desde un punto de vista social, crítico, etnológico y humano la vida en la zona de los Montes Torozos (provincia de Valladolid). En los textos de Blas Pajarero, a medio camino entre la prosa y la poesía, se respira un aire pletórico de orgullo, valoración y defensa de la tierra, pero con un espíritu crítico que se muestra necesario para asegurar la pervivencia de la región. Es además, un ensalzamiento a la agricultura y los quehaceres populares.

Los dibujos de Cuadrado Lomas acompañan cada capítulo expresando aquellos sentimientos donde las palabras no llegan.

Sin duda, esta gran obra es un compromiso con el mundo rural, en especial de la provincia de Valladolid y extensible a toda la comunidad.

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Dibujo del artista Félix Cuadrado Lomas “el maestro” en “Retazos de Torozos”.

 

Me encanta leer obras de autores comprometidos, que siempre escriben desde el respeto y la admiración. Pero también me enfada al darme cuenta de que nada ha cambiado. Y me entristece al comprobar que estos autores a penas son, no ya valorados, sino conocidos por la mayoría de los castellanoleoneses.

Todos gritaron de desesperación por salvar pasado, presente y futuro de la región, para terminar olvidados en los rincones de algunas librerías excepcionales. Incluso muchos murieron fuera de la tierra por la que tanto lucharon.

Quizá haya esperanza en “repensarCastilla y León, como diría Avelino Hernández.

 

 

 

 

 

 

 

 

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De Amicitia

De los bienes que la sabiduría procura para la felicidad de una vida entera, el mayor con mucho es la adquisición de la amistad.

                                                                                                                             Epicuro

Llevo varios días experimentando distintos sentimientos sin saber explicar ninguno de ellos. Parece que ahora empiezan a surgir las palabras.

Siempre se ha dicho que los amigos son la familia que se elige... sin duda, es una verdad innegable. Reflexionando me he dado cuenta de que hay uniones entre personas que van más allá de la fuerza de la consanguinidad, pues aunque son una opción, el vínculo se expande a todos los niveles emocionales.

Desde niños sentimos la necesidad de relacionarnos y hacer amigos, entendiéndolos como aquellos semejantes con los que nos divertimos y de los que esperamos perdurabilidad, algo que no va a cambiar con los años. Lo que si cambian son los enfados, pues evolucionan de ser por motivos meramente superficiales, a convertirse en el centro de nuestros problemas durante la adolescencia y de los que rehuimos en la madurez.

A pesar del paso de los años los valores que uno espera de la amistad son respeto, tolerancia, honestidad, empatía, junto a ellos la capacidad de evasión, apoyo mutuo, confianza, serenidad y divertimento. Así, un amigo es aquella persona que aparece en tu vida súbitamente, con la que desarrollas nuevos lazos y a la que quieres de una manera muchas veces inexplicable con sus defectos y fortalezas.

De este modo aparecen, perduran y son eternos. Los primeros de la infancia y adolescencia, los universitarios, los que emergen y sientes como de toda la vida, aquellos a los que no siempre puedes ver pero sabes que están ahí , los que no esperabas. De todos ellos solicitas y les ofreces comprensión pese a la disparidad. Son necesarios siempre, en los malos momentos para hacerlos buenos, en los buenos para hacerlos mejores. Te recuerdan con pequeños actos que no estás solo y los celebras a cada momento.

Cuando dejas de lado las diferencias e incluso aprendes de ellas te das cuenta de la grandeza de este bien. 

La amistad surge en el instante en que antepones su bien porque también es el tuyo sin suponer ni verlo como un sacrificio, o cuando aceptas sus errores como los propios. 

Cuando los valoras como una parte de ti, entonces, solo entonces, habrás adquirido la felicidad para una vida entera. 

A los amigos hay que agradecerlos y cuidarlos cada día, ciertamente son un tesoro. De hecho, todavía no puedo explicar cómo alguien espontaneo en tu vida consigue hacerte feliz con entregas que no va a pedir de vuelta, perdonándote, apoyándote hasta el final sin juzgar o simplemente regalándote su tiempo.

De nuevo, me faltan las palabras. Parece que no siempre expreso lo que quiero decir, así que lo mejor será abreviar. Gracias amigos.

 

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Siguiendo los pasos de la amistad sé que nunca me perderé.

 

 

Fotografía: Histórica Cultura

 

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Despoblados. Vea

“- Comprenderá usted, alcalde… Hay un trasvase de gentes de los medios rurales a los industriales…, sobra un elevado porcentaje…, asistimos a una transformación de las estructuras…, no intente retenerlos…, se le irán aún más vecinos… en el Plan está previsto…

El alcalde volvió al pueblo entendiendo algo más del Desarrollo, pero ¡el valle!...”

(Blas Pajarero. 1967. Retazos de Torozos)

       Continuando con las reflexiones sobre despoblados, en esta ocasión me centraré en la provincia de Soria, parte de la España Vacía por ser una de las zonas menos pobladas de España y Europa. Así mismo, la comarca de Tierras Altas es una de las que posee menor densidad de población.

      Vea era un pequeño pueblo inmerso en Tierras Altas. Pertenecía al municipio de San Pedro Manrique y como éste su fundamento económico eran la ganadería ovina y la agricultura. Rodeado de grandes escarpes rocosos, junto al río Linares, el camino a Vea era muy utilizado por la cantidad de molinos situados en las margenes del río.

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Río Linares

Hacia los años sesenta del siglo XX el pueblo quedó totalmente despoblado debido a los cambios económicos que se estaban produciendo, a lo que se añadía su difícil acceso. El auge de la industria y la implantación de los “polos de Desarrollo” en 1959 provocaron el éxodo masivo del mundo rural al urbano, dejando en el olvido, al margen del “Desarrollo” a centenares de pueblos españoles.

Para llegar a Vea hay que dejar el coche en San Pedro Manrique y bajar hasta el río Linares. Junto a unas instalaciones ganaderas comienza la ruta, señalizada con las balizas amarillas y blancas. Hay que tener en cuenta siempre que debemos seguir el cauce y mantener el río a nuestra derecha, puesto que hay un cruce mal señalizado que nos puede llevar a coger el camino equivocado.

La senda está marcada y el recorrido es sencillo, sin a penas desnivel. Son unos 14km ida y vuelta en los que se pueden divisar varios tipos de paisajes, desde abruptas rocas hasta zonas con abundante vegetación. Durante la mayor parte de la ruta podemos escuchar el murmullo del río y ampliar el horizonte hacia las montañas colindantes de esta comarca de Tierras Altas.

Es de destacar la forma de herradura que se da en la roca y como los pobladores de Vea supieron adaptar el camino, haciéndolo fácilmente transitable.

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Tras unos 6 km divisamos los tejados de Vea al fondo, encaramados en la ladera de la montaña. Para acceder al pueblo primero hay que bajar a la orilla del río y cruzarlo, con un poco de cuidado de piedra en piedra. En el camino de subida al núcleo rural al principio parece que no hay nada, incluso la vegetación se ha comido la senda por la falta de uso.

Al final, entre árboles y matorrales aparece Vea. Sus casas, la iglesia, las terrazas que la forman mediante las cuales adaptaron cultivos y viviendas.  Hay muchas zonas inaccesibles, completamente entregadas a la espesura.

En momentos como este compruebas cómo la naturaleza recupera lo que era suyo. Tras años de trabajo y existencia los pobladores de Vea edificaron su hogar, su medio de vida, mientras pensaban que todo aquello no tendría fecha de caducidad. Construyeron para la eternidad. Sin embargo, llegó el día del abandono y la naturaleza recuperó lo que le pertenecía.

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Ruinas de la iglesia de Vea

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Restos de una vivienda en Vea.

Todavía hoy se pueden apreciar los materiales de construcción, viviendas hechas de piedra y ladrillo, con varias estancias e incluso de dos alturas.

Es una verdadera pena que no se pueda recorrer sin peligro la mayor parte del pueblo, y sería precioso volver a recuperar sus calles y caminos, aquellos que un día abandonaron por siempre, para mostrar a la naturaleza que aún quedan memoria y valores, que aún no puede adueñarse completamente de lo que un día fue un pueblo lleno de vida. 

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Los lugares son especiales por las personas con que se visitan. Gracias por enseñarme este lugar mamá 🙂

 

Fotografías: Histórica Cultura.

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Despoblados. Lagüelles.

En una Europa homogénea y muy poblada, la España vacía es una experiencia inigualable. Paisajes extremos y desnudos, desiertos, montañas áridas, pueblos imposibles y la pregunta constante: quién vive ahí y por qué. Cómo han soportado, siglo tras siglo, el aislamiento, el sol, el polvo, la desidia, las sequías e incluso el hambre”.
(La España Vacía. Sergio del Molino).

   Quizá por esa pregunta me fascina la Historia y dentro de ella la del mundo rural. Supongo que esas inquietudes son las que le llevan a una a caminar en busca de respuestas, añadido a la necesidad de valorar y proteger lo que un día fue para poder aprender siempre de ello.

      En este tiempo en el que, por suerte, se habla de la “España vacía” me gustaría hacer una reflexión sobre algunos de los despoblados que conozco y las impresiones que me produjeron. Con sentimientos comunes como la nostalgia, la tristeza y el valor. Empezaré por Lagüelles.

     Lagüelles era un pueblecito de la provincia de León anclado en el Valle del río Luna. Dedicado a la ganadería y al cultivo, pues era una zona muy fértil. Tendría unos doscientos habitantes y una extensión parecida a los más de diez núcleos que formaban el valle. En 1956 todos quedaron bajo el agua del llamado “Embalse de Barrios de Luna”. 

   Lagüelles era el pueblo de mi bisabuela y desde pequeña me preguntaba cómo era posible que alguien pudiera echar a las gentes de sus casas para inundarlo después. No lo entendía antes y no lo entiendo ahora.

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Embalse de los Barrios de Luna (León)

        Sus ruinas se pueden divisar desde la carretea que va a Babia puesto que durante todo el año se puede ver la espadaña de la iglesia. La mejor época para visitar el pueblo que un día fue, es de agosto a octubre, cuando el embalse está más bajo. El acceso es muy sencillo, hay que dejar el coche antes de llegar al puente de Abelgas de Luna, a la izquierda veremos un camino forestal y solo hay que seguirlo. La ruta es muy sencilla, sin desnivel y podemos ir divisando la inmensidad de este embalse e imaginar el valle que era.

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         El trayecto son unos 7km ida y vuelta. Llegaremos a Lagüelles una vez nos hayamos encontrado una cabaña a nuestra izquierda, junto a ella ya podemos escuchar al río Luna, lo seguimos y allí aparecerá la soledad, la ruina y la desmemoria.

       Cruzando el río se accede a la iglesia y desde allí se puede caminar entre las casas, por los caminos, hasta donde nos lo permite el agua.

     Cuando llegué no sabía qué pensar ni qué sentir, fueron los días siguientes, recapacitando sobre los visto, cuando realmente me di cuenta de la dimensión de este encuentro.

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Lagüelles

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         Son ruinas de hogares que todavía conservan sus paredes con  mucha dignidad, incluso se puede apreciar el tipo de construcción característico. No se percibe ni un ruido de la carretera, a penas se escuchan los pájaros.

Éstos no son “pueblos fantasma“, no dan miedo como muchos dicen, solo producen nostalgia, tristeza y respeto a las gentes que un día la habitaron. Este pueblo no se despobló, pese al título del artículo, lo destruyeron. Arrancaron a las familias de sus hogares para inundar sus casas por unos intereses que ahora no voy a comentar.

        Es curioso como en la página web de la Confederación Hidrográfica del Duero no se menciona nada de estos pueblos, su historia no importa. A cambio se ofertan actividades relacionadas con la naturaleza: ” se ha generado una creciente actividad recreativa, como la contemplación del paisaje, actividades y pesca deportiva, deportes náuticos, caza, baño y senderismo, etc. En definitiva, un creciente negocio turístico, con dos campings…”.

        Así es el comportamiento del ser humano, que irrumpe destrozando la naturaleza y un modo de vida que gira en torno a ella, para moldearla a su gusto y generar “actividad recreativa” sin recordar que lo hay debajo. Una verdadera pena.

       Es importante conocer estos lugares, visitarlos y asegurar el acceso. Solo así comprenderemos las consecuencias de la destrucción y la desidia. Ojalá se crease una red de rutas de senderismo que nos permita comprender la realidad que hay bajo muchos embalses españoles.

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Fotografías: Historicacultura.com

 

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Valientes

“Dejadme la esperanza” cantaba Miguel Hernández en Canción Última. Este debe ser el grito en la que ahora llamamos “La España vacía“. Una España de valientes que han decidido seguir pese a la adversidad y que han hecho del arraigo su ancla a la tierra.

Por suerte, en los medios se está dando visibilidad a un tema vital como es la despoblación del mundo rural en nuestro país. Digo vital porque lo que produce el campo se consume en la ciudad, algo que parecen olvidar las Administraciones. Desde hace ya mucho tiempo percibimos el avance de la despoblación, sin embargo hasta que el problema no se ha convertido en algo llamativo, por el hecho de que aumentan los pueblos vacíos, pocos se habían molestado en dar voz a aquellos a los que nadie quiere oír.

Ahora que ya no hay marcha atrás, ahora que los pueblos se mueren, cuando empieza a ser demasiado tarde, es cuando decidimos empezar a hacer congresos, encuentros, artículos y estudios sobre la crisis en el mundo rural. Nunca es tarde, pero la herida es profunda.

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Sarnago (Soria). Fotografía: Histórica Cultura.

Por otra parte, es muy fácil juzgar y mostrar puntos de vista desde la ciudad, con nuestras infraestructuras básicas, centros de salud, escuelas, cines, museos… pero eso no es realista. Para tomar conciencia realmente hay que ver y vivir lo que los pobladores rurales sienten y piensan. Hay que buscar soluciones, pero no solo desde el núcleo urbano en las sillas de las universidades, sino en los pueblos, con sus moradores. Sin ellos no hay alternativa.

Yo tengo mi propia teoría, tan inválida como la de muchos otros, de por qué está sucediendo todo esto y de qué es consecuencia. Creo que se acrecienta a partir de los años 70, con la  pura inmersión en el sistema capitalista imperante en Occidente, consecuencia de la política de polos de desarrollo, y por el ansia de cambio e inmersión a una “sociedad más urbana y avanzada”. Puede que sea una tontería como otra cualquiera, pero en los momentos de mayor crisis humanitaria de nuestro país, el autoconsumo fue el salvoconducto de muchas poblaciones. En muchas zonas el cultivo de huerta y el ganado permitieron la supervivencia de muchas familias, ya bien entrado el siglo XX. Posteriormente esto se convertiría en símbolo de pobreza y atraso.

Por otro lado, hay una idea vigente e impuesta no sé muy desde donde, de que las gentes de los pueblos son paletas, conservadoras y machistas. Podríamos poner varios ejemplos de esa pervivencia en el mundo rural, pero también hay muchos otros que muestran lo contrario, pues como en la ciudad hay de todo, y casi siempre fruto de la educación.

Pero estas divagaciones son lo de menos, lo realmente importante es preguntar a los habitantes de los pueblos qué piensan de este problema y cómo creen que se puede solucionar. La verdad es que suelen ser muy pesimistas. Yo solo puedo poner el ejemplo de mi pueblo (comarca de Babia en León) puesto que lo he hablado en varias ocasiones con sus aborígenes. Estas son sus conclusiones: “el problema no es tanto atraer población, sino que no se vayan”, ese es el principal pensamiento tras la pregunta que se hacen cada día: ¿por qué la gente huye?.

Saben que se van por la falta de trabajo, a lo que sabiamente responden “si vinieran a los pueblos no se pasaría hambre, aquí hay tierra para cultivar y tener animales”. He visto los campos verdes, ahora solo veo el abandono por parte de sus propietarios. ¿ Qué estamos perdiendo además de población?, si el campo provee a la ciudad ¿de dónde salen los suministros? sabemos la respuesta aunque no nos guste: agricultura y ganadería intensivas, deforestación, importaciones, insostenibilidad al fin y al cabo.

También están muy decepcionados. En España tenemos la costumbre de ir al pueblo a veranear, pero  los núcleos rurales nunca podrán vivir solo del verano. Con razón, uno de los habitantes de Villasecino (Léon) dice que “es muy fácil venir al pueblo en verano, los hijos se han vuelto muy cómodos y para nada se molestan en calentar las casas en invierno, esquivar la nieve o huir del entretenimiento urbano para evitar el frío”.

A la pregunta ¿qué opináis del turismo rural? responden que a ellos eso “no les influye para nada”. “Los turistas traen la compra de las tiendas de la ciudad, apenas prueban la gastronomía local y no conocen a sus gentes”. Hacen senderismo y demás, pero no se impregnan de sus valores. Toman un café en el bar y se vuelven a la casa como si nos les importase realmente donde están. Es totalmente entendible que cuando se les presentan soluciones ligadas al turismo sean escépticos.

Además está el lado más “económico”. Hay quién dice y yo lo creo, que no interesa para nada que se siga viviendo en los pueblos, pues allí no hay tanta necesidad de consumo, no precisan pasar los sábados en el centro comercial ni comprar tantos productos innecesarios. El consumismo atroz no tiene cabida en estos espacios.

Creo que  hay soluciones ligadas a la Cultura. Entendiendo ésta como la síntesis de valores, tradiciones, patrimonio y paisaje (natural y de transformación humana). Pero no podemos establecer el antídoto sin contar con los principales afectados, aquellos valientes que deciden luchar y quedarse en la tierra que los vio nacer, a costa de perder calidad de vida en lo referente a servicios básicos (una simple carretera) y humanos, pues la soledad es el peor castigo para aquellos que realmente merecen un premio.

Por supuesto que la Administración pública tiene la máxima obligación a la hora de evitar la despoblación facilitando carreteras, escuelas, centros culturales y de salud, acceso a internet etc. pero todos, absolutamente todos los españoles somos los responsables de la desaparición del mundo rural al desechar los valores que de allí provienen y de los que venimos todos.

Los cobardes somos los que huimos del “mundanal silencio” para adentrarnos en una vida más fácil que nos hace olvidar lo que realmente somos.

A todos los valientes que permanecen en nuestros pueblos pese a la adversidad.

Pintada, no vacía:

pintada está mi casa

del color de las grandes

pasiones y desgracias.

(Miguel Hernández)

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