Tu nombre

Hoy no puedo pronunciar tu nombre porque está prohibido, pero sí voy a contar tu historia.

 

“Solo una cosa no hay. Es el olvido”

Jorge Luis Borges

 

      Te conozco ya desde hace tiempo. Naciste hace más de una centuria, eras el hijo mayor de una amplia familia y no llegaste a cumplir los 57 años de edad. Elegiste la montaña para nacer y el río para morir. El aire de las colinas y las aguas del Duero aún susurran tu nombre.

     El duro trabajo, la familia y una vida sencilla fueron tu rutina. Aunque ahora no lo reconozcan, eras muy querido en el pueblo. Comprometido socialmente, confiaste tanto en la política como en la unión del pueblo para crear un mundo mejor. Parece que eras un joven valiente activista en la España rural de los años treinta hasta que se trunco tu destino, ser bueno te salió caro.

Verano de 1936.

    En cuanto se recibió la noticia del golpe de estado militar franquista varios os organizasteis en un Comité de defensa para proteger la comarca de los golpistas que querían terminar con la legalidad democrática republicana. Recogisteis armas y munición e hicisteis guardias. Se logró una épica resistencia de más de un mes y volvisteis a recuperar posiciones, pero poco más se pudo hacer. Pasaron, arrasaron con todo llevándose cientos de vidas por delante.

     El 20 de agosto viste clara la derrota de la zona septentrional leonesa y corriste al monte para participar en la defensa del Frente del Norte. Tu primer acto había sido inscribirte en las milicias, fue muy rápido porque ya tenías instrucción militar. Solo tenías la ametralladora y tus valores, esos que te hicieron aguantar hasta el final.

Otoño de 1937.

       Luchaste con las Juventudes Socialistas en el Frente del Norte por la defensa de la República. De Pola de Lena con el batallón Felix Gordón Ordás a los frentes de Trubia pasando por Intendencia donde ayudabas como panadero o por Mieres con el batallón 229. Participaste en la defensa de Gijón y en Moreda encontrasteis la derrota del Frente. Entonces solo había dos opciones: hacer caso a las falsas consignas del ejercito nacional entregándoos para ser fusilados o encarcelados, o bien huir a las montañas para ocultaros en el trayecto de vuelta a casa. Elegiste la segunda alternativa.

       Más de dos días caminando, apesadumbrado y sin a penas esperanza, fue el tiempo que te costó atravesar el Puerto de Ventana. Cruzar el río Torrestío suponía volver a ver a tu familia, sin embargo no fue así, pues la Guardia Civil te detuvo en el Puente Orugo.

 

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Puente Orugo. San Emiliano (León). Fotografía: Historicacultura.com

 

Invierno de 1937-1938.

       Interrogatorios, torturas, amenazas, detención. En el hoy desaparecido pueblo de San Pedro de Luna tuviste que aguantar un duro interrogatorio donde tu palabra no importó nada y en el que utilizaron algunas de las torturas que tan corrientes se hicieron, como la extirpación de los dedos de la mano. Dicen que te pasearon hasta en tres ocasiones, quién decidió salvarte la vida todavía no lo sé.

       Ni juicio, ni defensa, directo al campo de concentración de San Marcos. Cinco meses allí, aún no entiendo como pudiste sobrevivir a uno de los peores campos de concentración de la España Franquista.

 

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Campo de concentración de San Marcos (León). Fotografía: memoriahistorica.org

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Campo de concentración de San Marcos (León). Actual Parador de Turismo. Fotografía: laopiniondezamora.es

 

Celebrado el Consejo de Guerra la condena fue delito de adhesión a la rebelión con pena capital. Esperaste la condena en la Cárcel Provincial de León, tres meses esperando el tiro de gracia. No se muy bien por qué, supongo que por la conveniencia de la utilización de presos para los trabajos forzosos en cárceles y campos de concentración, te conmutaron la pena a 30 años de reclusión mayor. Algunos preferían la muerte.

Otoño de 1938- verano de 1943.

        Permaneciste encarcelado durante más de cinco años. De las prisiones de León a la de Sevilla y el Puerto de Santa María (Cádiz), donde no solo tuviste que soportar el maltrato al que os tenían sometidos, sino también la distancia que te separaba de tu familia, lo que provocaba dolor en ellos y en ti. Sobrevivir a una cárcel franquista suponía fortaleza física y mental para hacer frente a enfermedades como la tuberculosis o a otras derivadas del hambre y el frío, además de no perder la razón con la doctrina fascista que imponían carceleros y capellanes.

       En la Prisión Central de Burgos conseguiste la Libertad Provisional previa petición de tu desesperado padre. Quisiste volver al pueblo pero te decretaron destierro además de requisar todos tus bienes, si es que los había. Desterrado del pueblo que te vio nacer y crecer, al que te sentías vinculado, por el que diste tu vida en defensa de la libertad.

Invierno de 1943- otoño de 1944.

     No se las razones que te llevaron a cambiar tu domicilio a la ciudad de Zamora o si alguien te ayudó a encontrar empleo en el Servicio Nacional del Trigo en dicha ciudad. No conozco tus motivos, ni si lo hiciste solo, porque nadie me habla de ti, se niegan a recordarte en voz alta.

        Supongo que en esta ciudad encontraste una segunda oportunidad, te concedieron al fin la Libertad definitiva, conseguiste un empleo, te casaste y tuviste hijos, incluso tu hermano y su mujer fueron a vivir a Zamora con sus hijas. Pero la vida solo se vive una vez y la tuya ya estaba truncada.

      Todos los atropellos a los que te viste sometido en la Guerra civil, pero sobre todo en las cárceles franquistas hicieron que te sintieras totalmente vencido. Soportaste torturas, muertes, enfermedades, soledad, adoctrinamiento, golpes, hacinamiento, falta de higiene, dolor, trabajo forzoso, culpabilidad, supresión de la libertad durante más de cinco años, destierro, incautación de bienes, y de nuevo soportaste la derrota. Quizá conocieras la noticia del fallecimiento de tu hermano menor en un campo de concentración de Vitoria, o supieras de la participación de otro de tus hermanos en el Frente de Aragón forzado por las levas del Ejercito Nacional.

        Demasiado dolor. Demasiado sufrimiento vivido y por vivir si continuabas bajo ese sistema dictatorial que te obligaba a mantener silencio y a mostrarte agradecido con tus verdugos. Así, de nuevo, elegiste ser libre. Te quistaste la vida una primavera de 1969.

      Me gustaría que los que te conocieron me hablasen de ti para poder contar tu historia, que esté permitido, porque hoy no puedo gritar tu nombre para rescatarte del olvido.

 

Soñar, siempre soñar,

con los ojos sin sueño,

que soy un hombre vivo

siendo tan sólo un preso.

Marcos Ana
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