Entre castillos y viñedos: Valladolid.

Castilla y León es tierra de poetas y en ellos quedó impresa la imagen de una región marcada por la Historia.  Allí han nacido o se ha acogido a grandes literatos como Antonio Machado, Becquer y Gerardo Diego en Soria, o José Zorrilla, Miguel de Cervantes y Jorge Guillén en Valladolid… provincia de la cual quiero hablar en este post, ¡Espero que os guste!

Siempre digo que no valoramos la riqueza que tenemos a nuestro alrededor, y los castellanoleoneses somos los más críticos con lo nuestro, ya sea por desconocimiento o por minusvaloración. Es una pena que los lugareños no conozcan su propio Patrimonio, por eso me gustaría mostrar en este blog todo el encanto desconocido que tenemos a un paso de distancia.

En este caso me voy a centrar en la provincia de Valladolid, mostrando los últimos núcleos rurales que he visitado, espacios con un encanto particular caracterizados por la llanura que desaparece en el horizonte, con campos de trigo, viñedos, monasterios y castillos que la rodean.

TRIGUEROS DEL VALLE:

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Vista de Trigueros del Valle, desde el mirador de la ermita. Fotografía: Historicacultura.com

Situado a penas a 25 km de Valladolid capital, entramos en el pueblo rodeados de viñedos de la Denominación de Origen Cigales. En seguida divisamos un majestuoso palacio-castillo almenado del siglo XV, llamado por los habitantes de Trigueros «La Fortaleza». Perteneció a los señores del castillo Don Gutierre de Robles y María de Guevara (1453). Posteriormente en 1521 con las Comunidades el pueblo asaltó el castillo, que tuvo que ser reformado.

Se conserva el recinto cuadrangular exterior con torreones cilíndricos y seis torres en el interior, la de Homenaje la más alta que servía de entrada al castillo y está presidida por el escudo de los señores. Según viene indicado en la señalética también se conserva el patio de armas, algo que deducimos cuando nos asomamos a la verja de la torre que mantiene cerrado el castillo.

Sin duda, es un privilegio tener en Valladolid castillos pertenecientes a la Edad Moderna que se han mantenido en pie y conservado tal y como eran (en la mayoría de los casos), sin embargo la gestión «deja mucho que desear» (por decirlo de forma sutil). El castillo está cerrado la mayor parte del tiempo (en un cartel se indica un horario super reducido de apertura) y parece ser que la única manera de ver el interior es pidiendo las llaves en el pueblo.

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Torreón del castillo de Trigueros del Valle. Fotografía: Historicacultura.com

Lo peor es la mala conservación en que se encuentra: los torreones están llenos de matojos, algunos tienen pintadas y la suciedad rodea «La Fortaleza». Es una pena, solo le haría falta una leve restauración o consolidación, pero sin conservación  ni gestión no hay nada que hacer… solo resignarse hasta que alguna institución valore lo suficiente este privilegiado testimonio del tiempo.

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Mal estado de conservación del castillo de Trigueros del Valle. Fotografía: Historicacultura.com

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Castillo de Trigueros del Valle. Siglo XV. Fotografía: Historicacultura.com

SANTA MARÍA DE PALAZUELO EN CORCOS DEL VALLE:

Había visto varias fotografías del Monasterio de Santa María de Palazuelo y no podía esperar más. Situado muy cerquita de Valladolid (17 km), pertenece al termino municipal de Corcos del Valle. Solo subsiste el templo del monasterio cisterciense (siglos XII-XVI), que desapareció casi por completo tras la desamortización del siglo XIX.

Pese a la importancia histórica de este enclave patrimonial,  llegó a ser cabeza de la orden del Císter en Castilla, los restos están en muy mal estado de conservación, a penas está señalada su situación y el entorno indica un estado de abandono que provoca tristeza e indignación. Sin embargo, hay que valorar las actuales labores de puesta en valor que está realizando la Asociación de Amigos de Palazuelos… sin ellos ¿qué sería de este precioso lugar?. 

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Monasterio de Santa María de Palazuelo (s. XII- XVI). Fotografía: Historicacultura.com

VILLAVICENCIO DE LOS CABALLEROS:

Desde que tuve el privilegio de cursar en la Licenciatura (estudiar se ha convertido en un privilegio) la asignatura «Historia Rural de la Edad Media» impartida por el gran profesor Pascual Martínez Sopena, quise visitar Villavicencio de los Caballeros. Todos sabemos la importancia que tuvo Castilla y León en la Edad Media, pero en esta clase descubrí el destacado papel de los Montes Torozos.

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Arquitectura de adobe. Villavicencio de los Caballeros. Fotografía: Historicacultura.com

La emoción por conocer este pueblo desapareció cuando llegué a un núcleo rural prácticamente deshabitado, aislado, en el que las construcciones en adobe características del lugar dan la sensación de haber quedado en el olvido. En cualquier otra comunidad este pueblo estaría marcado como punto de interés por su importancia patrimonial (vernácula por la arquitectura tradicional de adobe, y artística), pero en Castilla y León lo desconocemos y por eso perdemos lo único que tenemos… nuestra Historia ¡una verdadera pena!.

A nivel histórico-artístico destaco la Torre del San Pelayo, a la cual se accede esquivando cardos. Se trata de la torre- campanario de sobria decoración mudejar (siglos XIV-XV) que se levantó sobre un palacio-fortaleza de los siglos XI y XII.

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Torre de San Pelayo. Villavicencio de los Caballeros. Fotografía: Historicacultura.com

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Torre de San Pelayo. Siglo XIV. Villavicencio de los Caballeros. Fotografía: Historicacultura.com

MONTEALEGRE DE CAMPOS:

El castillo de Montealegre de Campos es una de las fortificaciones más impresionantes que he visto. En el límite de Tierrra de Campos, data del siglo XIV y se construyó para la defensa de las propiedades territoriales de la familia Meneses. Se dice que sus muros nunca fueron conquistados.

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Vistas desde el castillo de Montealegre de Campos. Fotografía: Historicacultura.com

Está completamente restaurado, y aunque el horario de apertura es escaso, la gestión es más eficiente. Las vistas desde allí son impresionantes, se puede divisar la inmensidad, el horizonte, incluso la historia que guarda aquel entorno. Sin duda, uno puede retrotraerse con tan solo mirar a su alrededor y pasar el tiempo sentado junto al castillo disfrutando del Patrimonio y el paisaje.

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Castillo de Montealegre de Campos, siglo XIV. Fotografía: Historicacultura.com

WAMBA:

Aunque Wamba no tiene castillo ni fortaleza, es un pueblo preciosos situado muy cerca de Valladolid (20 km). Recomiendo llegar a él y hacer el recorrido por estos pueblos a través de las carreteras comarcales, ya que el paisaje es precioso. Se trata de un lugar acogedor, en él se ve más movimiento, familias, reuniones de vecinos etc… quizá sea por la cercanía a la capital. Parece claro que los pueblos que están más alejados de Valladolid están más abocados al abandono.

Por lo que se refiere a su patrimonio destaca la iglesia de Santa María. Es uno de los templos más antiguos de la provincia, de origen visigótico-mozárabe de los siglos VII-X. Destacan los arcos de herradura y las pinturas murales que aún se conservan. Se trata de un antiguo monasterio visigodo en el que estuvo enterrado el rey Recesvinto hasta que Alfonso X ordenó su traslado. En el claustro destaca el Osario, donde se apilan centenares de huesos y calaveras humanas.

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Iglesia de Santa María de Wamba. Siglos VII-XII Fotografía: Historicacultura.com

La provincia de Valladolid guarda muchos tesoros artísticos, históricos y patrimoniales que a penas se conocen. Parte de la responsabilidad del mal estado de conservación de sus monumentos y enclaves la tienen las instituciones, que los tienen arrinconados en el olvido. Pero los más responsables son los propios ciudadanos, los habitantes de la provincia de Valladolid que tienen el deber y la obligación de proteger y dar a conocer su provincia; claro que para eso primero hay que valorarla. Está en manos de todos mantener el Patrimonio Histórico Artístico. En este sentido debo mencionar la gran labor que lleva a cabo la Asociación Ciudadanos en Defensa del Patrimonio de Valladolid, de la que formo parte.

Para finalizar, os aconsejo que visitéis la comunidad de Castilla y León, cada rincón es impresionante. Sin olvidar la provincia de Valladolid, que sin ser la más conocida, tiene muchos tesoros por descubrir.

Queda curvo el firmamento,

Compacto azul, sobre el día,

Es el redondeamiento.

Del esplendor: mediodía.

Todo es cúpula. Reposa,

Central sin querer, la rosa,

A un sol en cenit sujeta.

Y tanto se da el presente

Que el pie caminante siente

La integridad del planeta.

 («Perfección», Jorge Guillén)

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Navegando entre Literatura. El placer de viajar con la lectura.

Como en otras ocasiones me gustaría compartir con todos vosotros/as mis lecturas recientes. Esta vez se trata de distintos géneros literarios: novela histórica, literatura de viajes y una colección de relatos. No cabe duda de que me encantan los Libros, leer, transportarme a otras épocas y lugares, soñar, pensar, evadirme… todos esos sentimientos que produce la lectura, además del enriquecimiento cultural. ¡Espero que os guste!.

CUADERNO DEL DUERO, DE JULIO LLAMAZARES:

Este libro es muy especial para mi, no solo por ser de mi escritor favorito, como ya sabéis, sino porque fue un regalo muy especial. Una mañana tomando un café con el que ha sido mi mejor compañero de trabajo, Pablo, surgió en la conversación el tema de la Literatura, nuestros gustos… él me recomendó autores que aún no conozco como Gabriel García Marquez o Mario Vargas Llosa (debo decir que me gusta mucho hablar de este arte y que me aconsejen libros 🙂 ),y yo le confesé que me encantaba Julio Llamazares, a lo que él respondió que había leído algunos de sus libros como Cuaderno del Duero. Me sorprendió mucho porque éste ya no se edita y es difícil encontrarlo.

Continuamos la conversación literaria mientras me contaba que el propio autor había ido expresamente a Soria, a la librería «Las Heras», a dejar varios ejemplares para la venta. Terminados los cafés decidimos visitar esta librería para ojear las ultimas novedades, como «Diferentes formas de mirar el agua» y  ver si había suerte y podía encontrar la obra descatalogada… y ¡eureka!… ¡todavía quedaban ejemplares! =)

Pablo me regaló este libro de viajes que cuenta desde un punto de vista muy cercano, como el autor y su acompañante recorren el trayecto del río Duero. Desde su nacimiento en los Picos de Urbión, el recorrido comienza en Duruelo. Viajan sobre todo por  la provincia de Soria siguiendo el río que es la seña de identidad de Castilla y León. A través de un  relato en primera persona podemos ver como era este entorno a mediados de los años 80.

Continúan el viaje siguiendo el recorrido del río en la provincia de Burgos y Valladolid, donde finaliza el trayecto, ya que el encargo de escribir un libro sobre las provincias que atraviesa el Duero quedó inacabado. Son curiosos los comentarios sinceros del autor sobre las gentes del lugar, el estado del Patrimonio y la crítica que realiza sobre la situación de despoblación y decadencia que sufre esta región, especialmente la provincia de Soria.

Es un libro de viajes que nos hace reflexionar ante una situación inamovible con el paso de los años y nos recuerda la atemporalidad de Castilla y León… que no varía pese al «progreso» de regiones vecinas.

Gracias Pablo por regalarme un libro que representa el río con el que me siento identificada y del autor que mejor muestra mis pensamientos (¡y queda pendiente otro café!). Por todos estos motivos también quise que lo tuvieran mis amigas, mis padres y mi hermana, para que puedan retrotraerse a un pasado que no es tan pasado.

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EL ÁNGEL ESMERALDA, DE DON DELILLO:

Don DeLillo…¡qué autor tan curioso! Nunca había leído nada igual, me sorprendió mucho y gratamente. Este libro me lo regaló Elena, mi tía política, a la que le agradezco mucho que me haga regalos que me gustan tanto 🙂

En este caso se trata de una colección de  9 relatos, cada uno con una temática completamente diferente. Pero no son «cuentos» o «historias» a las que estamos acostumbrados con un principio y un final…no, Don DeLillo nos introduce en atmósferas y situaciones poco comunes en las que nos vamos orientando a medida que vamos leyendo e indagando en los personajes y los entornos. Incluso muchas no tienen un final ni una moraleja, lo que provoca que aunque hayamos terminado el relato sigamos pensando ¿qué querrá decir? ¿cómo sería el final de esta historia?. Sin embargo, en algunas ocasiones si vemos alguna referencia a la moral actual o a ciertos comportamientos, sino a modo de critica, si a modo de reflexión.

Historias tan originales y poco habituales como la de dos astronautas que recogen información sobre satélites sospechosos en «Momentos Humanos de la Tercera Guerra Mudial«, que desde el espacio proyectan sus pareces mostrando aspectos primarios del ser humano como los remordimientos o la nostalgia hacia los pequeños detalles.

En «El Ángel Esmeralda« nos introduce en el Bronx de manos de unas monjas que se involucran en la zona, en una poca inconcreta, seguramente en el futuro cercano. Aquí podemos entrever una crítica a ciertos valores o la ausencia de ellos, costumbres o comportamientos rutinarios de algunas sociedades, con una moraleja relacionada con el significado de la imagen, la ilusión, el marketing y sus intereses.

Os animo a leer a Don DeLillo, un autor poco habitual, interesante, con el que poder sentir la literatura desde otro punto de vista.

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AFRICANUS, EL HIJO DEL CÓNSUL DE SANTIAGO POSTEGUILLO:

Este libro forma parte de una trilogía del autor Santiago Posteguillo, escritor que realiza magníficas novelas históricas. Está ambientada en la época de la República de Roma (siglo III a.C), en el contexto de las Guerras Púnicas, en esta primera parte en concreto en la Segunda.

Se trata de una obra muy completa en la que el autor nos muestras mediante una narración amena como es la Roma del siglo III a.C, cuales son sus características políticas, geográficas, militares y culturales, de modo que es una estupenda forma de adquirir conocimientos sobre la historia de Roma a través de la ficción.

El hilo conductor comienza con el nacimiento del hijo del Consul Publio Cornelio Escipion, también llamado Publio Cornelio Escipion (posteriormente apodado «El Africano«) y la historia de su familia en su contexto geopolítico. Pero además, nos introduce en la vida cotidiana de la ciudad de Roma y en el marco cultural, narrando por ejemplo la trayectoria del autor clásico Plauto.

De este modo, en el inicio la novela se proyecta en varios espacios: en Roma, con las historias de la ciudad (sus festividades, tradiciones, modo de vida…), con la familia de los Escipiones, Plauto, el trasfondo político etc. Y en Hispania donde comienza a desarrollarse la Segunda Guerra Púnica, por ser donde el general cartaginés Anibal Barca inicia sus planes de llegar a Roma atravesando los Alpes.  Poco a poco esos dos espacios se fusionan cuando Anibal llega a la Península Itálica y la familia de los Escipiones intenta frenar en Hispania la ayuda de Asdrubal Barca a su hermano.

Sin duda, es una manera estupenda de viajar a la época de la República romana, aprender como era su cultura y su historia sin anacronismos y cuidando todo detalle, como siempre hace Santiago Posteguillo 🙂 (incluso tiene un glosario de términos, mapas y la situación estratégica en las batallas O_o ).

Empecé a leer esta novela por recomendación de un compañero de trabajo y como no podía ser de otro modo… estoy leyendo la continuación para finalizar la lectura de la trilogía =). Sus novelas enganchan ¡os las recomiendo!

Sabes vencer, Anibal, pero no sabes aprovecharte de la victoria (frase de Maharbal a su general. Livio, 22, 51, 4. «Africanus el hijo del Consul«).

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André Kertész, fotografía de las emociones.

«Una buena foto transmite algo, no sólo a los ojos, sino también mucho más adentro. Los ojos solos no bastan; siempre se hallan entre la imagen y el alama. Yo no planifico salidas para tomar fotos. Siempre llevo mi cámara conmigo y cuando veo cosas que atrapan mi mirada, me paro a fotografiarlas. Pero a menudo no saco ni siquiera una sola foto» (André Kertész)

He tenido la suerte de poder realizar visitas guiadas en la Sala de exposiciones de San Benito en Valladolid, un centro expositivo que se ha especializado en fotografía. Cuando comencé a prepararme las visitas para la exposición «Adré Kertész, el doble de una vida» la biografía y sobre todo, la obra de este artista me dejó cautivada.

Se trata de un maestro de la Historia de Fotografía a penas conocido, adelantado a su tiempo, no dejó de innovar a lo largo de toda su trayectoria profesional, es decir, a lo largo de toda su vida, porque la fotografía era su modo de vida. Maestro de maestros su proyección artística fue una vocación que daba sentido a la realidad. Defensor de un estilo propio que se basaba en el «hago lo que siento«, sus fotografías fueron un fiel reflejo de sus emociones.

No entenderíamos la obra de Kertész sin conocer su biografía y por eso voy a realizar un recorrido biográfico que se va a dividir en etapas, dependiendo del país en el que vivía.

PERIODO HÚNGARO:

André Kertész nació en Budapest, Hungría en 1894. Cuando tan solo era una niño su padre murió de tuberculisis, a raíz de esta desgracia se trasladó a la casa campestre junto a sus hermanos y su madre. Desde que era muy pequeño sentía curiosidad por la fotografía y por el mundo del Arte, pese a que su familia no estuviera muy conforme con esta vocación; de hecho su tío le pagó la carrera de Comercio, incluso trabajó un tiempo para la Bolsa.

En 1912 su madre le regaló su primera cámara fotográfica y con ella comenzó a fotografía su entorno, la Hungría más rural, sus gentes, a su familia y a la que sería su mujer, Elisabeth, a quién conoció en el tiempo en el que trabajó para la Bolsa. Pero en 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial es llamado a participar en las filas del ejército. Cámara en mano, Kertész no realiza fotografía bélica, sino que nos muestra a los soldados en su vida cotidiana, en el día a día, alejados del campo de batalla. Durante esta etapa bélica es herido de gravedad y mientras se recupera en el hospital trata de recuperar todos sus negativos, sin embargo, la mayor de su obra en este periodo se ha perdido.

En 1917, mientras se recuperaba en un hospital de rehabilitación, realizó una fotografía clave para el resto de su trayectoria profesional, ya que le servirá de inspiración para su serie de las «Distorsiones». Se trata de «El nadador bajo el agua«, con ella a Kertész le va a llamar mucho la atención de la proyección de la luz sobre el agua y como se deforma la figura del cuerpo humano.

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André Kertész, «Nadador bajo el agua».
Fotografía de elpais.com

Como ya no puede colaborar con el ejército vuelve a trabajar para la bolsa durante un breve periodo de tiempo, incluso se plantea dedicarse a la agricultura, pero ninguna de estas profesiones le llenan ni le gustan, a Kertész lo que le apasiona es la fotografía. Consigue trabajar para algunas revistas del país, y nos muestra imágenes de la Hungría más rural junto a sus gentes,  los campesinos.

Fotografías de la etapa húngara (las dos de la izquierda, la primera son soldados de la Primera Guerra Mundial y la segunda campesinos) y la etapa Francesa (

Fotografías de la etapa húngara (las dos de la izquierda, la primera son soldados de la Primera Guerra Mundial y la segunda campesinos) y la etapa Francesa («En lo de Mondrian», y El tenedor») Fotografía: Historicacultura

PERIODO FRANCÉS:

En 1925 Kertész se traslada a París para cambiar su modo de vida e inspirarse, pese a la oposición de su familia, que intentaba convencerlo de que se mantuviera en el mundo de los negocios.

Se instala en el barrio de Montparnasse, zona bohemia de la ciudad, y enseguida se relaciona con otros artistas húngaros, lo que le va a hacer la vida más sencilla ya que a penas conoce el francés y se le dan muy mal los idiomas. Uno de los artistas con los que entabla mayor amistad es con Piet Mondrian, al cual retrata en varias ocasiones, pues una de las primeras cosas que hizo Kertész nada más llegar a París fue retratar a sus amigos artistas y los talleres de artistas, imágenes únicas, cada una diferente, ya que nos hablar de como son personalmente y como es el estilo artístico que seguían. Enseguida notamos esa proyección emocional del autor.

«Las gafas y la pipa de Mondrián«.
Fotografía: plataformadeartecontemporaneo.com

Las características de la fotografía de Kertesz en esta etapa parisina serían el interés por las sombras proyectadas por objetos y personas, los juegos de volúmenes, el contraste entre luces y sombras (una característica que vemos a lo largo de toda su trayectoria), el uso de la fotografía cenital, picado y contrapicado, así como los juegos de planos en los cuales a menudo capta a los transeúntes para que podamos ver la dimensión real de la imagen, a la vez que juega con las geometrías. Por todo, podemos decir que Kertsz no dejó nunca de innovar y de probar con la fotografía. Era un maestro.

«Placa rota» fotografía que realizó con un negativo roto.
Fotografía de hoyesarte.com

Hacia mediados de los años 20 Kertész se compró una cámara Leica de 35mm y con ella realizó fotografía nocturna en la noche de París, incluso enseñó a Brassai a captar este tipo de imágenes. Sin duda fue un adelantado a su tiempo, incluso Henri Cartier-Bresson decía «inventemos lo que inventemos, Kertész siempre fue el primero».

En 1931 Elisabeth viajó a París, pronto se casaron y nunca más se volverían a separar. Si bien es cierto, Kertész tuvo un matrimonio fugaz con anterioridad que supo ocultar a la perfección. En 1933 con el auge del nazismo, la pareja ya empezó a plantearse abandonar Europa, él pertenecía a una familia judía. Lo harán en 1936 con la amenaza de la Segunda Guerra Mundial, y porque empezaba a faltarle el trabajo. Aunque Kertész consiguió trabajar para las publicaciones más prestigiosas del país y se mantenía económicamente, en aquellos años interesaban más los artículos políticos y el trabajo escaseaba.

Además, había recibido el reconocimiento como profesional y artista  con la publicación de una serie de 200 fotografías titulada «Las Distorsiones» en las que mostraba a modelos desnudas a través de un espejo cóncavo y otro convexo, mostrando así la deformación de la cuerpos y la extrañeza de la realidad que tanto le llamaba atención.

ETAPA ESTADOUNIDENSE:

En 1936 Kertész firma un contrato con la agencia Keystone y se trasladan a Nueva York. Allí la vida no va a ser tan fácil como él pensaba, no tiene a sus amigos húngaros y de nuevo los problemas con los idiomas, a penas conoce el inglés y eso hace que le cueste mucho relacionarse y encajar en la sociedad newyorkina. La ciudad no le va a dejar tan cautivado como le ocurrió con París, pero si la va a mostrar en varias fotografías, imágenes que muestran la soledad que siente.

«Tulipán melancólico». Fotografía de: maestrosdelafotografia.wordpress.com

Consiguió exponer su serie de «Las Distorsiones» en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, pero recibió muchas críticas y comenzaba a estar muy decepcionado, ya que tuvo problemas con las agencias en las que trabajaba, incluso con la revista Life.

En esta etapa podemos ver muchas fotografía con toques surrealistas, ya las había en la etapa francesa y no las va a abandonar en este periodo, pero siendo siempre fiel a su estilo personal, al «hago lo que siento«.

Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo algunos problemas por su nacionalidad, pero pudo solventarlo rápidamente. En 1943 publicó un libro de fotografías con las ultimas imágenes que tomo antes de irse de Europa, «Day of Paris» y con él obtendrá un primer reconocimiento en la ciudad de Nueva York.

En 1952 la pareja se traslada a un apartamento en la planta 12, muy cerca del Washington Square Garden, las vistas de pájaro desde su ventana le dejan cautivado y desde ésta realiza una serie de fotografías del  parque, imágenes en las que juega con los planos y que nos hablan de melancolía, de nostalgia hacía Hungría, pero especialmente hacía Francia, ya que en muchas ocasiones Kertész señaló que se arrepentía de haber abandonado París.

«Washington Square»
Fotografía de diaphotography.wordpress.com

Hacia 1963, al fin, Kertész alcanza el reconocimiento internacional y comienza a exponer por diferentes países, comenzando así el PERIODO INTERNACIONAL, con algunas fotografías tan conocidas como la de «El Balcón de Martinica«, obra que parece de un artista emergente, muestra de que Kertesz nunca dejó de innovar y no abandonó su vocación por la fotografía.

En las últimas décadas que estuvo en Nueva York consiguió entablar relaciones de amistad, algo que le ayudó mucho tras al muerte de Elisabeth en 1977, un hecho que lo sumió en una profunda depresión. Así, en 1979 un amigo le regaló una cámara Polaroid y con ella realizó una serie de fotografías publicadas bajo el titulo «From my window», fotografías que realizó desde su ventana a través de objetos que compartió con Elisabeth, imágenes que nos muestran la nostalgia y la melancolía que siente el artista por la pérdida de su mujer.

1979, André Kertész. Fotografía de fidelio.hu

1979, André Kertész.
Fotografía de fidelio.hu

Muchas de estas fotografías las hizo en color, otras en blanco y negro, si bien es cierto no fue la primera vez que utilizaba el color, ya lo hizo desde mediados de los años 50 (¡era un adelantado a su tiempo!), aunque tenía predilección por el blanco y negro.

En 1984 Kertész decide donar sus negativos y correspondencia personal al estado francés, que ya le había otorgado la medalla de oro a la ciudad de París. También se conserva parte de su obra en Hungría y en Nueva York.

André Kertész muere en 1985 en su apartamento de Nueva York, este maestro nos deja un legado de fotografías que nos hablan de un estilo propio vinculado a las emociones, de eternidad y de una vocación que llenó de sentimiento durante toda su vida.

«Hago lo que siento, eso es todo. Soy un simple fotógrafo trabajando para su propio placer. Eso es todo lo que he hecho siempre». André Kertész.

Enlaces de interés: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/27/actualidad/1422364646_503443.html

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Hoy, en el Día Internacional de la Mujer…

Cada 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer. Hay muchos y muchas que se preguntan por qué celebramos este día, parece ser que hay demasiados ciegos emocionales, ciegos ante la realidad, ya que como dice el refrán «no hay peor ciego que el que no quiere ver«…

La UNESCO reconoció en 1977 el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, las razones las podéis ver en su web en el siguiente enlace: http://www.unesco.org/new/es/unesco/events/prizes-and-celebrations/celebrations/international-days/international-womens-day-2012/about-womens-day/

Esas son las razones «oficiales» de esta «celebración», que yo más bien llamaría «conmemoración» a una serie de figuras femeninas que lucharon a lo largo de la Historia por conseguir los derechos básicos de las mujeres y la igualdad de género. Por eso tenemos Días Internacionales, para recordar acontecimientos históricos que no solo no se deben olvidar, sino que hay que recordarlos cada año para que la lucha por la dignidad humana, femenina en este caso (¡qué pena tener que seguir luchando por la dignidad femenina! ¿verdad?), siga intacta y se siga proyectando el progreso. No hay futuro sin memoria. No hay Progreso sin Historia.

Este año no me voy a extender demasiado y no voy a mencionar a muchas de las figuras femeninas clave a lo largo de la Historia, hay tantas… y tantas desconocidas… Aunque hoy si me gustaría destacar a la pensadora y escritora francesa Simone de Beauvoir  (1908-1986) por asentar los principios del movimiento Feminista, esa corriente de pensamiento imprescindible para lograr la completa igualdad entre hombres y mujeres. Un movimiento, una filosofía de vida que está siendo muy criticada en algunos sectores… ¡Qué mala es la ignorancia! y ¡Qué cruel el egoísmo y el egocentrismo viril!

Pero el Día Internacional de la Mujer no solo sirve para conmemorar la Historia, también sirve para reconocer el esfuerzo presente de todas las mujeres del mundo, Mujeres con mayúsculas que cada día trabajan fuera y dentro de su casa, que nunca se cansan (el mundo no nos permite cansarnos), que proclaman la bondad, la justicia y la igualdad en cada unos de sus actos diarios, que luchan por demostrar que hombres y mujeres somos iguales, que no dudan en reconocer las injusticias, también las de género, y tratan de combatirlas día a día. Mujeres que educan a otras mujeres, a niños y niñas, a hombres.. en la igualdad, que les enseñan a dejar de ser ciegos, a ver una realidad injusta que tenemos que cambiar entre todos, para que la siguiente conmemoración de este Día Internacional de la Mujer ya no sea solo eso, una conmemoración, sino también una celebración.

Gracias  a las Mujeres de la Historia por instruirnos con vuestro ejemplo, gracias a las Mujeres de mi presente por mantener ese ejemplo y luchar por el progreso ético, gracias a los hombres feministas, a esos hombres que comprenden la igualdad y la defienden.

Feliz Día Internacional de la Mujer a todas las Mujeres y a las mujeres que aún no saben que lo son. Feliz Día de la Mujer a todas las mujeres de mi familia, especialmente mi madre, mis hermanas y mis abuelas, de mi familia política, a todas mis amigas, mis compañeras, mis conocidas, a las mujeres de la Cultura, ya que sin Cultura no hay Igualdad… a todas ¡Felicidades por ser Mujeres luchadoras!.

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Navegando entre Literatura. Escribiendo la Memoria.

En este nuevo post de crítica literaria volveré a hablar de uno de los autores que más me gustan, por no decir que es el que más, el escritor de la memoria por excelencia , Julio Llamazares. Se trata de un autor que consigue que sus novelas y sus relatos me llenen completamente, sobre todo por ese respeto y esa importancia que le da a la Memoria. Si, Memoria con mayúsculas, porque así es como la trata Julio Llamazares, al englobar en ella la memoria de los hombres, la del paisaje, la de los pueblos… Historia pura, historia desde el sentimiento ¿cómo no iba a gustarme?.

Me gustaría dar algunas pinceladas sobre las últimas obras  que he leído y espero poder haceros sentir lo que yo siento cuando leo sus relatos. Por supuesto, no lo conseguiré del mismo modo, ya que él consigue ponerme la piel gallina con la armonía de la sucesión de sus palabras, y eso es muy, muy difícil de conseguir. Cuando las palabras llegan al alma…eso es Literatura.

LA LLUVIA AMARILLA:

«Ainielle existe. En el año 1970, quedó completamente abandonado, pero sus casas aún resisten, pudriéndose en silencio, en medio del olvido y de la nieve, en las montañas del Pirineo de Huesca que llaman Sobrepuerto».

Así comienza «La lluvia amarilla», una novela que habla del paso del tiempo, de la soledad y del abandono de los núcleos rurales españoles, pequeños pueblos como Ainielle que sufren no solo el abandono de sus gentes, sino el olvido de muchas generaciones posteriories, lo que es aún peor. Julio Lllamazares tiene esa sensibilidad, que tanta falta hace en la actualidad, hacía los lugares que estuvieron llenos de vida durante mucho tiempo, pero que hoy en día por las «necesidades urbanas» han quedado postergados al abandono más absoluto, obviando la importancia que tuvieron para sus pobladores, personas que construyeron la Historia, como tanto otros en el entorno urbano, al que se le viene atribuyendo mayor progreso. Sin embargo ¿existe el progreso en el olvido? yo creo que no.

Como no me gusta desvelar toda la trama de las novelas, para eso hay que leerlas, solo haré una pequeña introducción al hilo conductor del relato.  Andrés es el último habitante de Ainielle, se resistió a abandonar el pueblo que le vio nacer y al que pertenecieron sus antepasados. Vinculado a la tierra, como si de su sangre se tratara, paso los primeros años del abandono del pueblo por parte de sus vecinos con su mujer. El tiempo, la soledad, la melancolía, la nostalgia y el pensamiento acompañarán a Andrés durante toda su senectud.

Con él aprendemos a valorar unas raíces, para muchos desconocidas, que asentaron en el mundo rural, valientes como Andrés, que lucharon contra la adversidad y defendieron la Memoria de enclaves que fueron la base de nuestra sociedad, aunque el precio para él fuese muy alto…

Narrado en primera persona, como es habitual, consigue que el lector sea «Andrés» y sufra lo que él, incluso logra que cuando dejas de leer sigas pensando durante mucho tiempo como el personaje. Sin duda, eso es Literatura.

TANTA PASIÓN PARA NADA:

Se trata de una recopilación de 12 relatos y una fábula. De temática variada, pero siempre con la esencia de Julio Llamazares, en ellos podemos ver reflejados aspectos como el paso del tiempo, miradas a la Historia tangible, esa que está al alcance de nuestras manos, el respeto a la Memoria, guiños al mundo rural etc.

Los relatos o «cuentos» tienen una moraleja final, relacionada con el título del libro «Tanta pasión para nada«. La extensión es la adecuada para que te mantenga en vilo durante toda la narración, lo que hace que no puedas dejar de leer hasta conocer el final.

En este libro la narración varía, dependiendo de la trama a veces la narra en primera persona y otras en tercera, alejándose del personaje y observándolo desde fuera. Los relatos que más me han gustado son «El médico de la noche» y «A Primout no vuelve nadie», cuyas moralejas, como todas, hacen reflexionar sobre el parecer humano y el legado del Patrimonio rural.

DISTINTAS FORMAS DE MIRAR EL AGUA:

Es curioso como me siento tan identificada con este escritor, comparto su modo de pensar en cada libro y con cada historia, incluso he vivido situaciones similares que hacen que «lea con otros ojos» cada novela. El respeto a la Memoria, el sentir la Historia como algo imprescindible, y la ética humana, ante todo son la base de una Cultura global, y las proyecta en cada libro. Desde que lo conocí me pareció una de las figuras imprescindibles de la literatura actual, sin lugar a dudas. ¿Se puede pedir más?

Parte de mis raices vienen de León, de la zona de Babia a la cual para acceder hay que pasar por el «pantano de Luna», un cementerio de agua donde enterraron el que fue el pueblo de mi bisabuela. Desde pequeña, siempre que pasaba y paso por allí intento imaginar cómo serían los pueblos que allí había, quién los habitaba, cómo era su modo de vida… (algo innato en una historiadora creo) y la tristeza me invadía entonces. Pero también me he preguntado muchas veces ¿quién puede sentirse capaz de arrebatarle las raíces, la casa y un vinculo a un pueblo, y pensar que es lo mejor? ¿eso no es algo parecido a lo que sería creerse un ser supremo? También creo que para tomar ese tipo de decisiones es necesario carecer de escrúpulos, de no ser así no veo probable pensar que «el progreso económico lo justifica todo» (como diría el propio autor).

Y por esto en cuanto supe que Julio Llamazares publicaba nueva novela «Distintas formas de mirar el agua» (me enteré por el artículo en el que hablaba de ella: http://elpais.com/elpais/2015/02/10/eps/1423570330_873988.html y que os aconsejo) no dudé ni un segundo en comprarla, sin duda la buena Literatura es una inversión para la eternidad.

En este trabajo, Llamazares consigue hacer un ejercicio de empatía digno de admiración.  El hilo conductor de la trama se sitúa en el embalse del Porma (León) un día precioso de primavera interrumpido por un funeral. Una familia acude al embalse a echar las cenizas del «pater familias» sobre el agua que un día cubrió el que fue su pueblo, Ferreras (cercano a Vegamián, lugar de nacimiento del autor). En cada capítulo, narrado en primera persona, cada miembro de la familia nos desvela sus pensamientos, sus sentimientos y sus pareceres hacía un lugar tan bonito y tan triste a la vez «el pantano que cubrió todo un valle».

Consigue acercarse a todos los puntos de vista, reales (he podido comprobarlo con muchas personas) y a la dureza de defender unas opiniones o unos pareceres alejados del «humanismo». Otros, sin embargo, muestran muy bien esos sentimientos de dolor al desarraigo, al abandono forzado y al respeto a la Memoria de una zona y sus pobladores. Con ese dolor me siento identificada, porque es el humano, el natural.

Hacía mucho que no lloraba tanto con un libro, Julio Llamazares ya me había cautivado como lectora, pero con esta obra maestra, ha conseguido que las emociones perduren pese haber finalizado la lectura. Esta es la literatura de las emociones, esa que llega a nuestro interior y hace que no podamos olvidarla.

Para finalizar me gustaría citar unas palabras que comparto con Teresa, la hija mayor de la familia:

«…se escucha en este lugar al que nadie acude ya salvo a contemplarlo desde los miradores. La gente que lo hace ni siquiera sabe muchas veces lo que debajo del agua se oculta ni la historia que se borró para siempre con la demolición de los pueblos que aquí existieron. De ahí, que algunos exclamen mientras lo contemplan: «¡Qué bonito!». Y que triste, añado yo».

Majestuosas palabras.

Literatura. Julio Llamazares. Fotografía: Histórica Cultura

Literatura. Julio Llamazares.
Fotografía: Histórica Cultura

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Precariedad cultural. A veces la vocación sale cara.

A veces la vocación sale cara.

Desde niños intentan inculcarnos el valor del esfuerzo, la responsabilidad, la persistencia, el respeto y el compañerismo. En algunos casos lo aprendemos muy bien porque entendemos que estos valores nos forman como seres sociables, un aspecto fundamental como muestra el proceso de hominización.

Aunque haya quién lo desconoce, con la educación nos formamos como personas e interiorizamos aspectos básicos para la vida en común como es la inexistencia de razas dentro de una única «humana», que todos tenemos los mismos derechos, porque todos somos iguales y que el trabajo de cada una de las personas que forman la humanidad es necesario para poder vivir en un mundo equilibrado. Parece obvio, sin embargo, en el día a día vemos como estas enseñanzas no se han desarrollado, no se han comprendido o no se han explicado bien a muchos individuos que intentan convencerse de que unos «valen más que otros».

Cuando nos hacemos adultos, por alguna extraña razón… comenzamos a tener miedo, miedo de expresar nuestras opiniones, de elegir caminos por los que siempre tuvimos claro que nos decantaríamos, de no ser aceptados por la gran mayoría social, incluso de no pensar como «todo el mundo» y pasar a no pensar nada. Pese a todo, algunos elegimos la vocación. Pero claro, no todas las vocaciones son iguales, hay quién piensa e incluso intenta defender, en vano por supuesto, que unas son más necesarias que otras.

No recuerdo desde que edad decidí que quería dedicarme a la Historia, muy pequeña por lo que parece. Sin embargo, con 18 años cuando tenía que matricularme para comenzar la universidad, el «orientador» de mi instituto trató de convencerme de que estudiase algo más útil que dedicar cinco años de mi vida a la Licenciatura en Historia, una carrera que no me iba a servir para nada prácticamente. Ni la Historia ni nada relacionado con las Humanidades o la cultura en general. Me dio la risa porque intentaba pasar por alto mi vocación, la minó completamente.

Entonces me molestó, pero tenía energía suficiente para aclarar a todo aquel que intentase convencerme de que «algo no sirve para nada«, que las Humanidades y la Cultura son necesarias para el ser humano. Argumentos que no voy a exponer en este post, porque creo que en el fondo todo el mundo lo sabe, aunque no quiera asimilarlo, y porque nadie mejor que Noccio Ordine en su ensayo «La ultilidad de lo inutil» para argumentarlo.

Contra viento y marea, unos cincuenta alumnos comenzamos la licenciatura, llenos de entusiasmo, con ganas de aprender y felices por hacer lo que nos gustaba. Al finalizar decidí hacer un máster en Gestión Cultural para dedicarme a lo que siempre había querido, hacer llegar la Historia, el Patrimonio y la Cultura a la ciudadanía. Bonito, ¿no?.

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Representación de un caballero medieval en un capitel de la iglesia románica de Rebolledo de la Torreo (Burgos). Patrimonio artístico, Patrimonio rural. Fotografía: Histórica Cultura

La realidad es que la vocación te permite entrar muy pronto en el mercado laboral, ya que el deseo de aprender y poner en práctica lo aprendido hace que comiences con becas, prácticas y trabajos temporales para ir cogiendo experiencia y sentirte realizado. Pero la experiencia en el sector cultural no importa, a no ser que tengas 10 años de experiencia realizando una misma tarea, domines tres idiomas, tengas dos licenciaturas y tres máster, además de miles de cursos de especialización: que sepas hacer de todo y más… nunca es suficiente.

Ante esta crispación, lo que más me ha dolido siempre es el hecho de que todo el mundo se permita el lujo de opinar sobre un sector que no conoce, gran parte de la sociedad opina que es normal que en el sector cultural no haya empleo porque no hay demanda (total, ¿para qué sirve?), otros opinan que como ya sabías que no ibas a tener trabajo lo llevas mejor que otros titulados de «carreras más difíciles», cuando ni siquiera saben muy bien a qué te dedicas. Etc etc…

Algo muy curioso es cómo el empleo cultural es precario por naturaleza. Como tienes vocación y «trabajas de lo tuyo», cobras una miseria y realizas bien tu trabajo, tienes que estar contento pese a todo, es más, ni se plantean que podamos reclamar unos derechos laborales básicos. Es difícil acceder a un trabajo relacionado con la cultura, y cuando lo consigues no solo se infravalora, sino que muchas veces hay quien intenta convencerte de «es lo que hay», » es lo que mereces», «conténtate con lo que tienes, bastante que lo tienes», «suerte que lo has conseguido»….   [¡Qué pena tener que recordar el esfuerzo invertido!]

Todo sin tener en cuenta la precariedad laboral (salarios más que míseros, horarios no recompensados, intrusismo laboral descarado… un largo etcétera) a la que la mayoría está sometido; claro que quizá tampoco se sepa de cara al exterior porque la vocación y el entusiasmo en el trabajo lo ocultan. Tampoco quiero extenderme mucho en este aspecto, se trata de un artículo de opinión, pero hay que contenerse.

Sería interesante practicar la empatía. Cuando algún médico o algún ingeniero se queda en paro nos llevamos las manos la cabeza y decimos «¡no es posible!, tanto años estudiando y ¡con la falta que hacen!» (no digo lo contrario). Si un historiador, un artista, filósofo, un gestor cultural o un filólogo  no encuentra empleo a nadie le sorprende.     [Aquí tendría que volver a argumentar porque son necesarias las Humanidades, la Cultura… idem idem idem…]

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Torre del castillo de Calatañazor, siglo XII, Soria. A veces «lo valioso» se encuentra solo con mirar a nuestro alrededor. Fotografía: Histórica Cultura.

Por no hablar de la moda del «emprendedor», es decir, «si no encuentras nada ponte por tu cuenta»….claro, sin a penas experiencia y sin dinero… ¡por pedir que no quede, que ganas no faltan! y ponte a explicar a qué te dedicarías… ¡ardua tarea!.

Partimos de que se estudia por vocación (muchos siguen esta convicción) y por proyección de futuro; claro por eso una gran parte de los estudiantes deciden hacer una carrera que no les gusta porque en un futuro ganarán mucho dinero. Algo aparentemente normal si ven el ejemplo de otros que dedicaron años de universidad a las ramas profesionales que siempre quisieron y solo han recibido rechazo y precariedad consentida por el general o normalizada por el conjunto social. A veces, la vocación sale cara.

¿Quién decide lo que vale o lo que no vale? ¿Quién decide quién «sí» tiene derechos y quién «no»?  y haciendo autocrítica a los profesionales del sector cultural ¿Por qué lo consentimos todo, el intrusismo laboral (exorbitante), infravaloración, precariedad laboral? ¿Por qué no sabemos o queremos defender lo nuestro? Estamos sumidos en una precariedad cultural absoluta y lo consentimos, o peor aún, nos acostumbramos nosotros y a los demás.

No digo que la Cultura sea mejor que otras opciones, digo que es igual de valida que todas las demás, y que merece el mismo reconocimiento.

En fin, gracias a todos los lectores por dedicarle tiempo a este artículo de opinión que tantas ganas tenía de escribir. Aunque a veces la vocación sale cara, el contínuo querer aprender y disfrutar haciéndolo no tiene precio.

«Todo lo que hacemos y, por supuesto, todo lo que vive nuestro cuerpo, se sostiene, entiende y justifica sobre el fondo irrenunciable de lo que hemos sido. Ser es, esencialmente, ser memoria» (Emilio Lledó)

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Fotografías de mujer

Ser un fotógrafo es hacer que la gente mire lo que tú quieres que mire (Ruth Orkin). 

En este post hablaré de lo que algunas de las fotógrafas más importantes de la Historia han querido que veamos a través de sus obras, cómo han captado momentos históricos y qué caracteriza sus fotografías.

Si observamos el panorama global de la Historia, podemos darnos cuenta de que está y siempre ha estado dominado, en todas sus vertientes, por el sexo masculino. El arte, la literatura, la música, la política; la Cultura en general fue y es un territorio de hombres. Sin embargo, pese a las dificultades, hubo mujeres que destacaron en sus especialidades profesionales. En este post me voy a centrar exclusivamente en el ámbito de la fotografía, un arte que engloba aspectos sociales, culturales, históricos y estéticos.

DOROTEA LANGE:

A comienzo de la década de 1930, Dorothea Lange regentaba un pequeño estudio de retratos en San Francisco. Decía que cuando la depresión se agravó podía ver desde su ventana la marea de hombres sin techo ni trabajo que deambulaban a la deriva.

Dorothea Lange fue una de las fotógrafas más influyentes del siglo XX, nacida en Estados Unidos, aprendió fotografía y trabajó como reportera y fotoperiodista. Vivió la gran Depresión y usó sus fotografías como un método de denuncia. Pronto se vio trabajando por la calle retratando a mendigos, desempleados etc.

El estado de California le encargó la elaboración de documentación gráfica para un informe sobre el problema de la mano de obra inmigrante dentro del estado. Junto a Taylor, profesor de la Universidad de California, elaboraron un estudio científico sobre este problema destacando las dificultades que sufrían numerosos trabajadores de temporada, además de mostrar la pobreza que sufrían las zonas rurales del país.

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Propietario de plantación y sus braceros cerca de Clarksdale, 1936.

La cola del pan de White Angel, San Francisco, 1933.

Sus fotografías eran humanas y expresivas; las realizaba de manera cercana, clara y tierna, dejando ver el lado más femenino de la fotografía.

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Madre inmigrante, California, 1936.

 MARGARET BOURKE-WHITE:

Margaret Bourke-White comenzó su carrera en 1927, como fotógrafa publicitaria e industrial en Cleveland. Desarrolló un enfoque modernista para crear fotografías que unían la realidad con el lenguaje de la abstracción. La característica principal de la fotografía de Márgaret es que otorgó grandeza a sus imágenes industriales, creando su propio estilo personal. Sus fotografías nacieron de una valoración estética y le confieren un sentido de poder, autoridad y glamour a estructuras que no parecen agradables a la vista.

Fort Peck Dam, 1936.

Trabajó para las revistas Time y Fortune. Cuando se creó la revista LIFE, la portada del primer número y el reportaje principal le fueron confiados a esta fotógrafa, convertida en una estrella. Fue considerada como una de las más importantes y respetables fotoperiodistas de LIFE.

Pero la polifacética Margaret también fue escritora, incluso realizó fotografía documental durante la Segunda Guerra Mundial y testimonió la lucha por la independencia de la India.

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Prisioneros de campos de concentración miran con incredulidad a sus libertadores aliados , abril 1945

Al igual que Dorothea Lange, Margaret también se dedicó a documentar la situación de pobreza vivida en Estados Unidos durante los años 30, por ejemplo, mostrando con ironía filas de personas sin hogar frente a una valla que reclama el estatus de Estados Unidos.

En la época de la inundación de Louisville, 1937

GERDA TARO:

A Gerda Taro se le considera en muchas ocasiones la primera mujer fotoperiodista. Nació en Alemania en 1910 y fue compañera profesional y pareja del fotógrafo Robert Capa. Formó parte de grupos socialistas y obreros, por lo que con la llegada del nazismo viajó a Francia, donde conoció a Capa.

Con el comienzo de la Guerra Civil española en 1936 ambos viajaron a cubrir el conflicto. Gerda captó la victoria republicana de la batalla de Brunete. Su reportaje se publicó en 1837 y con él alcanzó el reconocimiento internacional, pero al mismo tiempo perdió la vida en este país, atropellada por un tanque cuando cubría el conflicto.

STUTTGART DEDICA MUESTRA A GERDA TARO, FOTÓGRAFA DE GUERRA Y PAREJA DE CAPA

Soldados republicanos, Segovia, 1937.

Sus fotografías se caracterizan por tener un valor muy emotivo, mostrando su compromiso social y el lado más humano de la guerra.

Niño con gorra de la FAI, Barcelona, 1936.

RUTH ORKIN:

Cineasta y fotógrafa estadounidense, desde niña perseguía a las celebridades para conseguir sus autógrafos. También los inmortalizaba con la cámara que le regalaron cuando tenía tan solo 10 años.

Tomó fotografías de ciudades como Boston, Whasington, Chicago o Nueva York, y empezó a trabajar para las revistas más importantes, como LIFE, lo que le permitió viajar y mostrar una mirada novedosa de la fotografía, a través fotografías de calle y aspectos de la vida cotidiana con su toque personal.

Central Park, 1955

Aunque se le conoce sobre todo por las fotografías que realizaba de actores y actrices reconocidos, se especializó en el campo de la música, retratando a algunos de los músicos más importantes de la época como Bernstein o Heifitz.

Chica americana en Florencia, 1951.

Pese a que conocemos a un número mayor de hombres en el panorama de la Historia de la fotografía, muchas mujeres pudieron y pueden abrirse camino en un mundo predominantemente masculino, dándole su toque personal y único que diferencia la fotografía de mujer. Algunas de las características de sus fotografías son que muestran rasgos estéticos relacionados con la sensibilidad, la sencillez, el objetivismo y el compromiso social.

Fotografías procedentes de: Museo de Arte de Stturgar, Revista Life, The George Eastman Collection, Orkinphoto.

Apoyo bibliográfico: «Historia de la Fotografía. Desde 1839 a la actualidad», The George Eastman House Collection.

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Otro modo de ver la Historia. Fotógrafos de la Guerra Civil.

La fotografía es un arte que engloba valores estéticos, culturales, sociales e históricos. Como consecuencia de los avances del siglo XIX podemos disfrutar de Historia en imágenes gracias a  la captura de instantes que nos hablan de una época, un lugar, de la sociedad y de una cultura determinada que nos ayuda a entender la Historia Contemporánea y el momento actual.

Robert Capa.

Robert Capa. Barcelona, 1936. Un miliciano republicano se despide antes de partir al frente. Fotografía: Magnum Photos

«Si vuestras fotografías no son lo suficientemente buenas es porque no estáis lo bastante cerca» esa era la opinión de Robert Capa, fotógrafo y corresponsal de guerra húngaro. Su manera de pensar y ver la fotografía ha logrado que podamos sentir momentos únicos de la Historia de España, como la Guerra Civil.

El 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República. Comenzaba así una nueva etapa de la Historia Contemporánea, se trataba de una fase de cambio, progreso y transformación de un país que había padecido dictaduras y periodos monárquicos caracterizados por una crisis general a nivel social y cultural. Quizá esta sea una opinión muy arbitraria, pero a veces los historiadores también podemos dar nuestra opinión, siempre y cuando quede claro que no se trata de un documento científico, donde entonces no cabe ninguna interpretación personal.

Tras  cinco años de «República en paz» (1931-1936), el 18 de julio de 1936 se produjo el levantamiento militar que dio lugar al estallido de la Guerra Civil española (1936-1939). Esta etapa y su consecuencia, una dictadura militar que duraría hasta 1975, ha sido muy difícil de investigar y documentar; no siempre la documentación está al alcance de los historiadores. Sin embargo, la fotografía nos ha llegado como reflejo de la realidad de un conflicto que curiosamente fue captado por fotógrafos extranjeros.

En este post voy a referirme a tres fotógrafos documentalistas, conocidos internacionalmente, cuyas colecciones forma parte del Patrimonio de muchas naciones. Son los fundadores de la Agencia Magnum de Fotografía, creada en 1947, fue la primera cooperativa de fotógrafos independientes.

ROBERT CAPA:

Seudónimo de Andrei Friedmann, fotógrafo y corresponsal de guerra húngaro (1913-1954). El prestigio internacional de llegó sobre todo a partir de sus reportajes sobre la Guerra Civil española y de la Segunda Guerra Mundial, ya que consiguió captar el desembarco de Normandía.

Con solo 25 años la revista «Picture Post» le concedió el título de «el fotógrafo de guerra más importante del mundo», por su reportaje de la Guerra Civil (cubrió todo el periodo del conflicto). Solía acompañarlo su pareja, también fotógrafa, Gerda Taro (consideraba la primera mujer fotoperiodista que cubría un conflicto bélico) a la que dedicaré un nuevo post, junto a otras importantes fotógrafas.

Robert Capa utilizaba un pequeña cámara, muy manejable para su tipo de trabajo, una Leica de 35mm, la cual le permitía acercarse a las escenas que quería plasmar, tanto que ponía en peligro su vida. Esto le dio a sus fotografías un estilo único, caracterizado por su fuerza y el impacto visual que producen. Logra captar el drama, los sentimientos, incluso las futuras consecuencias.

Robert Capa

Robert Capa. Barcelona, 1936. Despedida antes de la partida al frente de Aragón. Fotografía: Magnum Photos.

Fue un fotógrafo comprometido, odiaba la guerra y quiso dejar constancia de sus horrores, de su cotidianidad y sobre todo, del factor humano. Capa murió en Vietnam con tan solo 44 años, cubriendo la Guerra de Indochina, cuando prácticamente se había retirado de su profesión, la captura de la Historia.

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Robert Capa. Barcelona, 1936. Soldados republicanos parten al frente de Aragón. Fotografía: Magnum Photos

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Robert Capa. Córdoba, 1936. Milicianos leales a la República saltando un barranco. Fotografía: Magnum Photos

DAVID SEYMOUR «CHIM»:

Fotógrafo polaco, conocido por el seudónimo «Chim»(1911-1956). Comenzó con la fotografía para ganarse la vida y viajó a París, donde conoció a Robert Capa y Henri Cartier Bresson, además se codeó con artistas internacionales refugiados de la Segunda Guerra Mundial. También sirvió para el ejercito de los Estados Unidos como fotógrafo e interprete. Terminada la Guerra comenzó a trabajar para la UNESCO para documentar los efectos de la guerra en los niños.

Cubrió la Guerra Civil en su totalidad, dándole una visión especial; no se detenía en mostrar solo el conflicto, sino que prefería centrarse en las personas que participaban en él. Sus fotografías están llenas de humanidad, esa humanidad que pervive pese al horror.

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David Seymour. Extremadura, 1936. Soldado republicano. Fotografía: Magnum Photos.

Chim murió ametrallado durante la crisis del Suez, de nuevo mostrándonos mediante el documento gráfico una realidad que no se puede ocultar.

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David Seymour. El poeta Miguel Hernández leyendo poesía a los soldados republicanos. Fotografía: Magnum Photos.

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David Seymour. 1936, soldados republicanos en combate. Fotografía: Magnum Photos

HENRI CARTIER BRESSON:

«Fotografiar es poner sobre la misma línea de mira la mente, los ojos y el
corazón” (Henri Cartier Bresson).

Fotógrafo francés (1908-2004), después de una primera etapa como pintor se dedicó a la fotografía. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo internado en diversos campos alemanes de prisioneros, pero consiguió fugarse y huyó a Francia, donde realizó reportajes fotográficos sobre la ocupación y retirada de las tropas alemanas de Francia. Se le conoce sobre todo, por el reportaje que realizó sobre la muerte de Gandhi.

Sus fotografías se definen por el rigor y por una técnica que él creó que influyó en muchos fotógrafos posteriores, lo que él llamó «el momento decisivo«, aquel que el fotógrafo debe descubrir para captar el instante único cuando la escena adquiere su máximo nivel de expresividad. Llamó a la fotografía «el dibujo instantáneo».

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Henri Cartier Bresson. Madrid, 1933. Fotografía: Magnum Photos.

Cartier Bresson cubrió la Guerra Civil española hasta 1938. Utilizó también la pequeña cámara Leica de 35mm para poder captar mejor las escenas.

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Henri Cartier Bresson. Valencia, 1933. Fotografía: Magnum Photos.

Fotografías procedentes de: http://www.magnumphotos.com/

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La normalización de la Cultura: Londres.

Una noche lluviosa de 1904 Keynes, Rusell y Foster entre otros, charlan sobre teorías económicas y sociales liberales. En Gordon Square, Bloomsbury, céntrico barrio londinenses y núcleo cultural de la ciudad, debaten sobre literatura modernista junto a la joven Virginia Woolf, la cual expresaba su opinión sobre la actual estética literaria y los cambios que se habían producido desde que, a penas hacía ochenta y seis años, Mary Shelly publicara su «Frankenstein o Eterno Prometeo».

Y así, charlando sobre literatura, imagino al círculo de Bloomsbury, o a Mary Shelly discutiendo con Bayron sobre historias de terror, recordando su Londres natal e imaginando su nueva novela, quizá sin ser consciente de que sería la creadora del género de la ciencia ficción.

Desde hace más de seis siglos en Londres la Cultura está normalizada, sus gentes charlan sobre literatura, teatro, historia o economía con total normalidad, sabiendo que son temas de interés general, algo que en otros países no resulta tan habitual y surgen etiquetas como «cultureta» o «aburrido».

Si tuviera que poner un adjetivo a esta urbe británica, sería «cultural». Desde que llegué a la ciudad respiré un ambiente divertido, variopinto, histórico, cultural y literario. Paseando por sus calles se puede apreciar a simple vista esa «normalización de la Cultura«, teatros y museos aparecen por todas partes, como un elemento más, al igual que sus característicos pubs.

Mi estancia en Londres fue breve, a penas cuatro días, que aproveché al máximo para conocer los enclaves más relevantes de la ciudad:

MUSEO BRITÁNICO

Fotografía: HistóricaCultura

Podría describirlo con una palabra: ¡impresionante!. Es un museo muy peculiar, el acceso es gratuito y no solo parece, sino que es inabarcable para verlo de una sola vez. Como este museo es muy conocido por todos, me limitaré a mencionar los elementos que más me llamaron la atención.

Las salas más visitadas son las correspondientes al Antiguo Egipto,  y pasan más «desapercibidas» las dedicadas a Mesopotamia y Asiria. Al llegar a la parte de Grecia, parece que entrásemos en otro museo, es espectacular la riqueza arqueológica, histórico-artística que allí se muestra. Podemos observar con la boca abierta, no puede ser de otro modo al estar al alcance de tan importante cultura material, cerámica arcaica y clásica, de las más importantes que forman parte de la Cultura Clásica.

Fotografía: HistóricaCultura     Fotografía: HistoricaCultura    Fotografía: HistoricaCultura

Lo más impactante es ver templos griegos enteros, así como los relieves del Partenón. Cuando vi estas salas me impresionó pero también me dio mucha pena pensar que ese legado histórico debiera estar donde su civilización quiso que estuviera, en Grecia.

Fotografía: HistóricaCultura   Fotografía: HistóricaCultura

NATIONAL GALLERY

Es la principal pinacoteca de Londres, situada en Trafalgar Square. Muestra obras artísticas de distintas nacionalidades desde el siglo XIII al XX. Este museo también es gratuito e inabarcable, son necesarios varios días para verlo totalmente. Quizá la única pega que le veo a estos colosos culturales es que se controla poco el aforo y a veces dificulta la visita, ya que no se pueden ver como uno quisiera todas las obras, ni detenerse demasiado tiempo a observarlas. Si tuviera que elegir un autor sería Turner, y una obra, como no, «Venus del espejo» de Velazquez.

Fotografía: HistoricaCultura

TATE MODERN

Es el Museo de Arte Moderno de Londres, ubicado en una antigua central de energía eléctrica de mediados del siglo XX, un uso que sin duda deberían copiar otras ciudades europeas, y así revalorizar el Patrimonio Industrial. Se exponen obras de arte de autores de especial relevancia como Picasso, Dalí, Warhol, Monet, Bacon, Braque, Kandisnki etc…

El acceso más bonito es desde el Puente del Milenio, tras haber visitado la Catedral de San Pablo. Os aconsejo que subáis a la última planta, donde  está la cafetería, porque las vistas son estupendas.

Este museo también es gratuito. Es curioso como el modelo de gestión mixto público-privado, a través del mecenazgo, funciona a la perfección, (sin publicidad ostentosa y con sencillos agradecimientos en pequeñas placas) en beneficio del ciudadano.

PASEANDO POR LA CIUDAD

Pasear por Londres es maravilloso, porque es la mejor forma de apreciar esta «normalización de la Cultura«. Aconsejo entrar a los pubs del Soho, caminar por Picadilly Circus, visitar el mercado de Convent Garden (y comer las Ben´s cookies =) ) y el de Candem Town (precioso y enorme).

Es fácil retrotraerse en una ciudad así, podemos pasar de la Edad Media a la Contemporánea deteniéndonos a observar su cuidadísimo patrimonio, limpio, conservado y bien señalizado y explicado (algo que muchas ciudades europeas deberían envidiar). Sin detenerme mucho, me gustaría mostraros algunas paradas indispensables.

Torre de Londres: castillo histórico (siglo XI) situado en la ribera del Támesis.

Fotografía: HistóricaCultura

Tower Bridge: puente que cruza el Támesis, del siglo XIX, es el emblema de la ciudad  y uno de los enclaves más fotografiados.

Fotografía, HistoricaCulturaParlamento Inglés (Palacio de Westminster): alberga las dos cámaras del Parlamento y es el icono de la ciudad y del país. Es un edificio histórico (enclave utilizado desde la Edad Media) catalogado como Patrimonio de la Humanidad. Uno de los elementos más importantes que lo forman es el la Torre del Reloj.

Fotografía: HistóricaCultura

Londres es una de las ciudades que más me ha gustado, no solo por su Patrimonio, perfectamente conservado y mimado, sino por el ambiente cultural que se respira, han conseguido que la Cultura sea un elemento cotidiano más, en todas sus facetas, histórica, artística, escénica… es una ciudad del siglo XXI que representaría el progreso en su faceta más humanística.

Fotografía: Histórica Cultura

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Viajando por Andalucía: Cádiz

En el último viaje que he realizado a Andalucía tuve la oportunidad de conocer Cádiz, una ciudad con un encanto muy especial donde es fácil retrotraerse a épocas pasadas cuando fenicios y cartagineses comenzaron a instalarse en la Península Ibérica, especialmente por motivos comerciales dada su favorable situación geográfica. La fundación de Gadir entre los siglos VII – IX a. C sigue teniendo su esencia cuando nos asomamos al Mediterráneo desde el Castillo de Santa Catalina. Es fácil imaginarse como, comerciantes de la antigüedad surcaban estas tierras dejándonos para la posteridad su legado cultural.

El Mediterráneo desde el Castillo de Santa Catalina, Cádiz.

El Mediterráneo desde el Castillo de Santa Catalina, Cádiz.

Mi estancia en Cádiz fue breve, pero muy completa, ya que pude visitar los principales puntos de interés cultural, aquí os muestro algunos de ellos:

Castillo de Santa Catalina:

Se trata de una fortificación situada en la playa de la Caleta, junto al centro histórico de Cádiz, que a su vez fue puerto natural para fenicios y cartagineses. Su etapa constructiva data de los siglos XVI y XVII, e inició las obras Felipe II en 1598 debido al asalto inglés de la ciudad. Su visita es obligada ya que desde allí podemos observar el Mediterráneo en todo su esplendor, y comprender así, su importancia como paso para las diferentes civilizaciones que se asentaron en Hispania.

El puerto natural de la Caleta en el Mediterráneo desde el Castillo de Santa Catalina, Cádiz.

El puerto natural de la Caleta en el Mediterráneo desde el Castillo de Santa Catalina, Cádiz.

El Mediterráneo en Cadiz, un paso indispensable para la cultura occidental.

El Mediterráneo en Cadiz, un paso indispensable para la cultura occidental.

Yacimiento Arqueológico «Casa del Obispo»:

Es un yacimiento cuya visita es obligada porque es la muestra material del paso de las diferentes civilizaciones por el sur de la Península Ibérica. Es muy curioso debido a que el yacimiento está situado en una antigua casa episcopal construida aprovechando los restos de los amplios edificios romanos. En él podemos ver la superposición arqueológica e histórica de los diferentes agentes colonizadores que llegaron a tierras gaditanas: el primer estrato data al siglo VIII a.C, al que le sigue una estructura funeraria del siglo VI a.C perteneciente a la cultura fenicia. A éste, le superpone otro de época romana que se remonta a la ocupación de «Gades» hacia el siglo III a. C. Le sigue una breve estancia de época musulmana y queda abandonada hasta que el siglo XVI, cuando se construye la casa del Obispo.

Si tuviera que describirlo en una palabra diría que es ¡Impresionante!, no hay mejor manera para entender la Antigüedad que visitar este yacimiento. Su visita es muy amena y práctica, ya que los accesos y la señalética son bastante adecuados.

Yacimiento Arqueológico "Casa del Obisp", superposición de civilizaciones.

Yacimiento Arqueológico «Casa del Obispo», superposición de civilizaciones.

Museo de Cádiz:

Este es un Museo diferente a los que estamos acostumbrados a ver, especialmente los que vivimos en entornos que estuvieron alejados de las civilizaciones púnica y fenicia. El edificio donde se encuentra la colección está poco conservado y su aspecto no muestra la riqueza que abarca en su interior. Está distribuido en dos plantas: la superior destinada albergar la colección artística, donde destaca la obra pictórica de Zurbarán, y la inferior y más interesante por su exclusividad, es la destinada a Arqueología. En ésta podemos ver la cultura material gaditana desde la Prehistoria, pasando por el mundo de la colonización fenicia (una de las colecciones más espectaculares), hasta las salas romanas que muestran los hallazgos encontrados en Gades. También hay una pequeña muestra dedicada al Cádiz medieval y al de las Cortes de 1812.

Es un museo que no se puede dejar de visitar, yo me quedé impresionada con su colección, pero también entristecida por la poca valoración que se le otorga a semejante riqueza arqueológica.

Ánforas de pecios. Museo de Cádiz

Ánforas de pecios. Museo de Cádiz

Museo de Cádiz

Cerámica fenicia. Museo de Cádiz

 Museo de Cádiz

Representaciones de la diosa Astaré, cultura fenicia, siglo VIII a. C. Museo de Cádiz

Museo de Cádiz

Cultura material romana, s. I d.C. Museo de Cádiz

Fotografía: Histórica Cultura

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