La fatiga del recuerdo

Llevo varios días pensado en escribirte, pero ya me conoces, es como con las llamadas de teléfono, lo pienso y lo hago a los días. Hoy me apetecía especialmente porque estaba escribiendo tu cuento para Gael, cuando me he dado cuenta de que me estaba resultado agotador recordar. ¿Alguna vez te ha pasado algo así, tú que tenías tan buena memoria?

Es algo un tanto extraño porque pensar en mi infancia y retrotraerme a momentos tan felices me hace sentir paz y a la vez cansancio, quizá sea porque me hago mayor y esto significa ser una persona adulta.

Llevo un rato inmersa en tu cuento, Abuela. Me ha ocurrido algo maravilloso que me ha hecho volver a oler la nata que nos ponías en las tostadas de pan para la merienda o el aroma de las flores que recogíamos en la montaña para decorar la mesa del comedor. Tomillo, romero, manzanilla. Incluso me veo las manos amarillas por empeñarme en coger amapolas. Siento el aire correr y el sol quemar, pero sobre todo te siento a ti. Incluso recuerdo cada vez más a abuelito. Anteayer al comer de nuevo arándanos frescos volví al pueblo de la mano de abuelo a coger frutos silvestres. Es como si pudiera entrar en el baúl de mi mente y sacar poco a poco recuerdos, todos ellos felices porque tu estás en ellos.

Estos días pienso especialmente en tí, sobre lo mucho que nos has enseñado. El pasarnos el tiempo obligados a confinarnos en casa me ha hecho darme cuenta de lo realmente importante y de lo superfluas que son la mayoría de cosas que creía de gran importancia, esas materiales de las que realmente podemos prescindir. A tí nunca te hicieron falta muchas pertenencias y ahora entiendo por qué.

Cada noche miro a mi hijo y pienso que no necesito nada más, que si nos tenemos la familia todo lo demás es secundario. La familia en su sentido más amplio en el que siempre abarco la amistad, si la familia está bien todo está bien. Entonces comprendo el amor que nos profesabas.

Me preocupaba no saber dar tanto amor como el que tú nos dabas, pero ahora creo que es el mejor regalo que me podías hacer, saber amar.

A veces me gustaría tener un frasco con los aromas que nos regalabas y así recordar que la felicidad está en las cosas sencillas, las verdaderamente importantes. Hoy me he dado cuenta de que no me hace falta porque te tengo en mis recuerdos y en mi corazón.

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La flor más bonita de mi jardín.

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